José Bono se erigió, desde su llegada al Ministerio de Defensa, en el defensor de la unidad de España y de los valores que encarna. Fue el ministro más crítico con los nacionalistas y no se recató a la hora de defender su propia opinión en asuntos como la reforma del Estatuto de Cataluña o la tregua de ETA, muchas veces en contra de la postura oficial del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Bono eligió un viernes de Dolores para decir adiós a 37 años de política activa. A lo largo de su carrera, ocupó numerosos cargos, en su partido y en las instituciones. En su despedida, recordó con especial cariño sus cuatro años de diputado por Albacete, la provincia donde nació; los 21 años que ejerció como presidente de Castilla-La Mancha y sus dos años como ministro de Defensa.
Político inteligente, intuitivo y mordaz en sus declaraciones, su actitud crítica ante sus propios correligionarios no varió cuando fue nombrado ministro. De hecho, al presidente del Gobierno no le importó que defendiese sus propias ideas. En público, Bono se erigió como el más ardiente defensor de la nación española y de sus símbolos. En privado, se arrogó haber influido en Rodríguez Zapatero para que el término 'nación' no figure en el articulado del Estatut y se jactó de que, de haber sido él el ministro de Cultura, los 'papeles' del Archivo de Salamanca jamás habrían sido enviados a Cataluña.
Aprecio del Ejército
Ayer, el ministro de Defensa número 427 que ha tenido España anunció su renuncia por motivos estrictamente personales. Eso sí, antes de irse quiso hacer la paz con todos y pidió perdón a cuantos haya podido incomodar en su larga carrera política. Perdón es también la última palabra que salió de su boca en su última intervención en el Congreso de los Diputados, según consta en el diario de sesiones.
Bono tuvo en su adiós besos para la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y palabras de gratitud para los militares, cuyo aprecio se ganó en sus apenas dos años de ministro a base de defenderles en público y exaltar los valores que encarna el estamento. «Son gente de bien, que se han comprometido a entregar su vida, si es menester, en defensa de los españoles». Antes de decir adiós, volvió a subrayar su amor a España: «Siento a España en mi corazón y la llevo hasta en el tuétano mismo, en mis huesos», resaltó.