«Me siento como 'Son Goku', en su nube». 'Son Goku' es uno de los personajes de la serie de dibujos animados 'La bola del dragón' y, quien se sentía ayer como él era José Ángel Gómez Marchante. Así es el 'Pimien', apodo por sus mejillas siempre cárdenas. Un chaval de risa veloz y fácil. Un niño grande. «Duermo sobre una almohada de bebé. Mis compañeros se ríen, pero es la única manera de dormirme», confiesa. Un ciclista en crecimiento.
Su vida ha estado siempre en la carretera. Ángel, el padre, conduce un autobús por la línea 147 de Madrid. José Angel, el hijo, ha pasado muchas tardes como copiloto por el barrio del Pilar y Callao. Niñez entre atascos. Los fines de semana, también se ponía a rueda. Ángel era cicloturista; José Ángel sería ciclista. Aunque le costó. Ni el triunfo en la Bizkaiko Bira le dio el pasaporte. Ángel Buenache, su mentor, tuvo que rogar un contrato de mínimos en el Paternina. Fue el último profesional que logró un dorsal para la temporada 2004. Nadie le quería. «Yo siempre le quise, desde que le vi ser subcampeón de España juvenil», replica Matxin.
Marchante es un corredor urbano. Creció en la única vía de escape de la capital: el carril bici que huye hasta Colmenar, antesala de la sierra. Con ese condicionante geográfico tenía que ser escalador: siempre se entrenaba por la carretera que lleva a los puertos de Cotos o La Morcuera. El ganador de esta Vuelta al País Vasco es un bromista y, a la vez, un duro. En el Mundial juvenil deValkemburg, bajo la nieve, no quiso retirarse. Acabó casi inconsciente, víctima de la hipotermia. Tuvieron que reanimarle. Es un carácter. Pirático. Corre al abordaje, aunque le abronquen.
«¿Que cómo soy? Pues, no sé. Tranquilo, desordenado. Con mis manías -siempre deja las zapatillas en la misma baldosa del trastero, siempre que entra a un sitio lo hace por la derecha- y del 'Aleti', del Atlético de Madrid». Cuando puede, acude a la vieja escuela ciclista de San Sebastián de los Reyes para charlar con los chavales. Allí le dicen 'El Moscal'. Por su poco peso. «Eso es una ventaja para los puertos y para poder comer algo más. No engordo». Y se puede dar al vicio: «A los bollos y los pasteles de crema». Como en aquellas tardes sentado en el 'bus' de su padre.