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Domingo, 9 de abril de 2006
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Italia llora al pequeño Tommy
Más de 50.000 personas asisten en Parma al emotivo funeral por el niño de 18 meses secuestrado y asesinado por sus captores
Italia llora al  pequeño Tommy
DESCONSUELO. Los padres de Tommaso, durante el funeral. / EFE
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La conmoción que embargó a toda Italia por la muerte del niño de 18 meses que fue secuestrado el 2 de marzo y asesinado por sus captores quedó reflejada ayer en el funeral del pequeño. Una marea humana, más de 50.000 personas, según fuentes municipales, asistieron en Parma, al norte del país, al sepelio de Tommaso Onofri, que fue oficiado por el obispo Cesare Bonicelli, cuyas emotivas palabras marcaron el acto religioso. «Éste es un funeral que nunca hubiera deseado oficiar», indicó. «Su muerte sacude las conciencias. Que sirva para que el hombre sepa que la vida es siempre sagrada», añadió el prelado de Parma antes de subrayar que el terrible caso demuestra que la «cultura hedonista e individualista produce muerte, que no es verdad que todos los deseos son buenos y nobles y que la libertad se puede usar bien o mal».

El obispo Bonicelli leyó un mensaje enviado por Benedicto XVI en el que el Papa subrayó que «una vida inocente ha sido destruida con una violencia inhumana» e hizo votos para que la trágica muerte de Tommaso «suscite también arrepentimiento en los que han perpetrado el execrable crimen». El Pontífice prometió que «rezaría a Dios para que reciba el alma del niño fallecido y brinde de alivio a los padres y a todos lo que lloran su trágica muerte, y lleve el arrepentimiento a los que perpetraron el abominable crimen».

«Durante estas semanas Tommy entró en nuestros hogares, se convirtió un poquito en nuestro hijo», dijo Bonicelli con la mirada clavada en el féretro blanco del niño. Y es que, el secuestro y posterior conocimiento de que el pequeño fue asesinado por sus captores pocas horas después ha estremecido a la sociedad italiana, que en los últimos días no ha cesado de enviar mensajes de solidaridad a la familia. Numerosos vecinos llenaron de flores el lugar donde fue hallado el cadáver de Tommaso y la puerta de su casa.

Fotografías y coronas

El funeral se celebró en la catedral de Parma, que varias horas antes del mismo ya estaba repleta. Lo cierto es que el centro religioso se quedó pequeño ante la marea humana que quiso dar el último adiós a Tommaso, por lo que miles de asistentes llenaron también una plaza y zonas adyacentes.

El presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, envió un telegrama de pésame y una corona, a la vez que al funeral asistieron el presidente de la Cámara de Diputados, Pierferdinando Casini, y el ministro de Transportes, Pietro Lunardi.

El acto religioso estuvo marcado por la emoción. Unas 50.000 fotografías del niño, en la que estaba escrito 'Haced que mi sacrificio no se pierda en el olvido', fueron distribuidas entre los asistentes, entre los que también se encontraban las primeras autoridades de Parma y otras venidas de Sicilia, la región de donde es oriundo el presunto asesino, Mario Alessi, de 44 años. Además de éste, también han sido detenidos su esposa, Antonella Conversa, y el cómplice Salvatore Raimondi, de 27.

Parma vivió ayer una jornada de luto ciudadano, con las banderas a media asta en todos los edificios públicos. Un centenar de coronas de flores fueron colocadas en el Duomo (catedral). Muchas de ellas fueron enviadas por presos de diferentes cárceles del país. Flores blancas cubrían el pequeño ataúd blanco con los restos de Tommaso, cuyos padres, hermano y familiares lo rodearon durante la ceremonia.

El niño fue secuestrado el 2 de marzo por unos desconocidos que, al parecer, tenían la intención de pedir un rescate de un millón de euros al padre, Paolo Onofri, director de una sucursal de la caja postal, donde muchos italianos tienen cuentas de ahorro. La angustia por la situación del pequeño duró todo un mes, pero sus captores nunca llegaron a hacer la llamada del rescate porque lo mataron apenas dos horas después de raptarlo. El 2 de abril la Policía detuvo a Alessi y Raimondi, que confesaron la muerte del niño y desvelaron dónde habían enterrado el cuerpo. Según confesaron, cuando huían con el pequeño en una moto vieron relampaguear un coche de la Policía. Se pusieron nerviosos, el pequeño cayó al suelo y comenzó a llorar. Y ante el temor de ser descubiertos, uno de los dos lo mató de un golpe asestado con una pala.



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