El número de peregrinos cristianos a Tierra Santa batirá la próxima semana el récord absoluto que hasta ahora tenían los años 1999 y 2000, justo antes de que se iniciara la segunda intifada. «La victoria de Hamas en las elecciones de enero parece que no está influyendo en el ánimo de los peregrinos puesto que a estas alturas prácticamente no queda libre ningún alojamiento en Jerusalén y casi todos los hoteles han puesto el cartel de 'completo'. Es cierto que existen grupos de personas que todavía tienen cierta prevención debido a la situación política, pero no se puede decir que nadie tenga miedo», explica el padre franciscano Artemio Vítores, Vicecustodio de Tierra Santa.
La mayoría de los peregrinos occidentales provienen de España, Italia, Francia y Alemania, y más del 90% vienen a Tierra Santa en grupo. Los restantes, que viajan por libre, suelen encontrar problemas para llegar a ciertos lugares. Belén, que está a sólo cinco kilómetros al sur de Jerusalén, se ha convertido en una fortaleza a raíz de la construcción del muro de Cisjordania y los peregrinos tienen que superar los controles del Ejército israelí, algo que es más fácil cuando se trata de un grupo.
Más difícil para moverse lo tienen los cristianos palestinos. Las autoridades israelíes sólo permitirán a 500 de ellos -de una comunidad de 5.000- entrar y salir de la franja de Gaza para visitar a sus familias o participar en las ceremonias religiosas. En Cisjordania la autorización afecta a 34.000 palestinos cristianos.
La peregrinación, que por lo general dura una semana, conduce a los viajeros inevitablemente a los puntos que más vívidamente recuerdan la vida de Jesús: Jerusalén, Nazaret, Belén y el lago Tiberiades , donde está Cafarnaum y el monte de las Bienaventuranzas.
«Sin duda, el momento central y más sentido de la peregrinación es el Viernes Santo, cuando los peregrinos recorren el vía crucis a través de la Vía Dolorosa de Jerusalén, siguiendo en procesión los pasos que llevaron a Jesús al Calvario», cuenta el padre Vítores. Ese día la identificación de los peregrinos con Jesús alcanza el punto culminante y para ellos tiene incluso más importancia que el Domingo de Ramos, cuando las procesiones entran en Jerusalén cargadas de ramos y palmas.
Síndrome de Jerusalén
En Jerusalén existen tres puntos centrales para todo peregrino: el Santo Sepulcro, Getsemaní y el Cenáculo, y lo normal es que los peregrinos asistan a misa en cada uno de ellos. La mayoría de las misas las ofician los frailes franciscanos, quienes desde la Edad Media han estado presentes en Tierra Santa y a quienes la Iglesia ha designado con el título de Custodios de los Santos Lugares. La emoción es enorme y ocasionalmente algún peregrino sufre el llamado 'síndrome de Jerusalén', que consiste en experimentar una identificación intensa con algún personaje bíblico, generalmente Jesús o la Virgen María. Quienes padecen este síndrome se comportan en Tierra Santa como si fueran el personaje bíblico con el que se identifican y terminan en un departamento del hospital Hadasa donde existe un equipo de especialistas que los sacan de su confusión y les devuelven su personalidad de este mundo.
El viaje de peregrinos a Tierra Santa está documentado desde la más remota antigüedad, y ha existido incluso en los momentos más difíciles de la historia, cuando los viajeros arriesgaban sus vidas por ver los lugares en que vivió, murió y resucitó Jesús. Los peregrinos del siglo IV fueron los que primero dejaron testimonio escrito de la localización de los lugares santos y la memoria de éstos se ha perpetuado desde entonces de generación en generación.
La crítica moderna cuestiona la ubicación de algunos lugares pero en términos generales se acepta que el Santo Sepulcro, la Basílica de la Natividad y la mayoría de los lugares visitados se encuentran en sitios que han sido venerados desde poco tiempo después de la vida de Jesús.