Hacer volar una cometa es, a simple vista, una tarea sencilla. Basta con un poco de maña, una buena dosis de paciencia y, cuando menos, algo de viento. Claro que, cuando éste falta todo lo demás sobra. Así se pudo comprobar ayer en las campas de Salburua, donde todos los primeros domingos de mes -esta vez ha sido el segundo por cuestiones de calendario- los aficionados alaveses al arte del volantín han decidido reunirse para disfrutar de una jornada de reunión, evasión y diversión.
Pero ayer faltó lo más importante: Eolo. Aun así, el sol espléndido ayudó a que más de un centenar de aficionados se reuniera en los alrededores de la balsa de Betoño con el único afán de «fomentar el cometismo y pasar una jornada lúdica interesante».
Lo decía Alberto Andino, de la Agrupación de Cometistas de Vitoria, Lau Haizetara, que se ha propuesto «recuperar» las campas de Salburua como un espacio para la práctica de una afición que cuenta con un número creciente de adeptos. «Salburua fue el primer lugar donde empezamos a reunirnos hace ya nueve años. Es un espacio increíble y, aunque se ha construido mucho, todavía queda una campa maja para practicar con las cometas», explica este especialista.
Aunque hubo dificultades para elevar los tan venerados voladores, los cometistas no sucumbieron al desaliento y lo intentaron una y otra vez. «Hace un día espléndido pero no para volar porque no sopla nada de viento. Aun así, lo importante es que la gente vea las cometas y se interese por este mundo», explica Andino.
«Hobbie milenario»
La Agrupación Lau Haizetara, que en la actualidad cuenta con medio centenar de socios, se fundó hace casi nueve años con el objetivo de fomentar «este hobbie milenario». Desde entonces, su actividad es frenética. Organizan concentraciones, imparten talleres y han impulsado el Festival Internacional de Cometas de Garaio, el «más importante de España» según los expertos.
«En los talleres -explica Alberto Andino- enseñamos a la gente a construir sus propias cometas, al menos las estáticas de un solo hilo». Se imparten en colegios, centros cívicos, pueblos y fiestas populares y la agrupación calcula que a lo largo del año se construyen unas 2.000 cometas. Listas para echar a volar, siempre que empuje el viento.