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Lunes, 10 de abril de 2006
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El TAU, de nuevo colíder tras deshacerse del Granada
El Baskonia, con un ojo fijo en su capital duelo del próximo miércoles en Atenas, resuelve con una andanada en el tercer periodo su laxo compromiso frente al Granada
El TAU, de nuevo colíder tras deshacerse del Granada
CUMPLIDOR. Splitter jugó un buen partido pero tuvo problemas para contener a Borchardt. / FOTOS JON RODRÍGUEZ Y NURIA GONZALEZ
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Llegados a este punto, la de ayer era una de esas reuniones de sociedad a las que uno no le apetece ir, pero es de obligado cumplimiento aparecer. Vamos, un trámite impuesto. Y el TAU Cerámica apareció lo justo y necesario. Reservó el frac para el OAKA, donde el miércoles se subastará una plaza a Praga'06. Laxo y estrábico, le bastaron con un par de andanadas. Se dejó ver en el primer cuarto, en el tercero y solventó la papeleta. Con el añadido de que ha regresado a lo más alto de la ACB. Vuelve a sentirse líder. Empatado con Unicaja y Barça.

Es tan cegadora la recompensa que esconde el pabellón heleno que es comprensible que el Baskonia avanzara con un ojo fijo en el Granada y otro en el Panathinaikos. Peor se entendió que varios de los secundarios desaprovecharan la oportunidad de ganar crédito en el caladero de la ACB. Alguno -léase Drobnjak- se movió al son de la música de viento. Como fue recluido en la profundidad del banquillo nada más enlazar dos errores, careció de la ocasión de intentar una posterior reconciliación.

Además, dado que el Granada no es manco ni mucho menos, el avance vitoriano discurrió abrupto. Más de lo previsto, la verdad sea dicha. Porque hasta el último cuarto no halló remedio al 'virus Borchardt'. El interesantísimo pívot, que compartió aula y vestuario con Jacobsen en la prestigiosa Stanford, originó una profunda jaqueca a cuantos se le pusieron por delante. El único fármaco que funcionó fue Kornel David, el mejor azulgrana ayer de largo.

Pero antes de que el húngaro descubriera el remedio, el partido deparó muchas líneas. La mayoría envueltas en un profundo sopor. Durante muchos minutos el rechinar de las zapatillas presidió cada posesión, lo que da idea del espectáculo.

Y eso que edificó una salida muy aseada el Baskonia. Con Hansen como único francotirador fiable, amasó una ventaja de quince puntos de un plumazo (19-4, minuto 7). Valdeolmillos movió fichas en un intento de evitar la decimocuarta tunda seguida de su club contra el cuadro vitoriano. Acertó. Gianella dio mayor empaque y la lucidez llegó de mano de Fernández, a saber dónde andaría si tuviera apellido extranjero y mejor planta. Empezaron a surtir de balones a Borchardt. Éste se hizo amo y señor de la zona.

Perasovic también trató de dosificar a sus titulares. Pero los recambios se empeñaron en desperdiciar la tarde. El baloncesto local se desplomó. Lo mismo que su intensidad. La goma se encogió (29-26, minuto 15). Esa cercanía del oponente acabó con la paciencia del público, que la pagó con Ukic y Drobnjak. Hubo cambios de cromos, pero el sesteo prosiguió. A lo tonto, el Granada alcanzó el ecuador pegado a la chepa alavesa.

Arreón y victoria

La apertura del tercer periodo mostró la misma tendencia. Hasta que, con un latigazo certero, el TAU se decidió a blindar la vigésima victoria en el torneo doméstico. Un triple de Hansen, otro de Erdogan, dos acciones de David y un tiro libre de Splitter subieron las revoluciones locales. A este arreón se añadió el rosario de pérdidas andaluzas -hasta cinco- en esa fase. ¿Conclusión? 12-0. 55-40 en el marcador con trece minutos por disputarse. Cuenta de protección para el Granada. Todo ello en un visto y no visto.

Todavía engordó un pelín la renta. Gracias a que David desplegó todos sus encantos. Se convirtió a su vez en el único capacitado para desconectar a Borchardt. El Granada, resignado, bastante tuvo con tratar de maquillar una nueva caída contra el Baskonia.

Perasovic, más relajado al saberse ganador, recuperó entonces la política de rotaciones. Prigioni, Scola o Hansen ocuparon butacas en primera fila. Tranquilos. Descansados. Mientras los menos utilizados se batían el cobre sobre el parqué. Al final, en medio del clamor popular, hasta hubo ocasión de lucimiento para Grimau. Mientras Drobnjak, con el chándal calado hasta la nariz, no sabía dónde mirar.



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