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Miércoles, 12 de abril de 2006
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ÁLAVA
El agua o la vida
Una exposición en Olárizu basada en paneles publicitarios intenta concienciar sobre las funestas consecuencias de la sequía en el Tercer Mundo
El agua o la vida
LOS PANELES publicitarios en la Casa de la Dehesa. / E. ARGOTE
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LOS DATOS

LOS DATOS
Exposición: La revolución azul.

Contenido: 32 paneles publicitarios que explican la carencia de agua y sus funestas consecuencias en el Tercer Mundo.

Lugar: Casa de la Dehesa (Olárizu).

Fechas: del 6 de abril al 7 de mayo.

Organizan: Centro de Estudios Ambientales (CEA), del Ayuntamiento, y la organización no gubernamental Acción contra el Hambre.

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Los organizadores de la exposición pretenden impactar y lo han conseguido. La Casa de la Dehesa de Olárizu muestra durante un mes uno de los símbolos más claros de la profunda sima que separa a los países avanzados del, en el mejor de los casos, Tercer Mundo. Se trata del agua derrochada frente a su carencia absoluta. Donde el signo de la vida no existe reina la muerte.

El Centro municipal de Estudios Ambientales y la organización no gubernamental Acción contra el Hambre han acudido a la paradoja, con resultados brillantes, para desnudar el problema y mostrarlo como es. Se sirven de la publicidad, la que suele ensalzar mediante un plus de ingenio la bondad de cada producto, para dar la vuelta con ironía y exponer eslóganes estremecedores.

Son 32 paneles que deben remover las conciencias. No sólo demuestran la falta casi total de agua en demasiados lugares, sino también el peligro de ese líquido sin clorar o lleno de sustancias que perjudican la salud hasta el extremo. Por ejemplo, los dos que representan la fórmula química del H2 junto a un inodoro o una fregona. Y ese grifo forrado con un preservativo para recordar que el agua no potable se cobra más víctimas al año que el sida en forma de cólera, paludismo, hepatitis y diarreas.

Otro anuncio publicitario 'vende' agua de Afganistán, «rica en cólera y diarrea», está el frasco delicado de perfume que contiene 'Eau de Somalie', o la conmovedora imagen de un niño que derrama una lágrima, «lo único que tiene para beber». La imaginación publicitaria se estira como el chiclé. Por ejemplo, la cartulina mojada «que le valdría a un niño durante una semana en el Tercer Mundo».

Más anuncios. Como los que muestran una pistola de agua tachada en rojo con el signo de la prohibición y, al lado, el mismo arma que arroja sangre. O dos botellas que parodian un reloj de arena como símbolo de que el líquido de la vida concluye. O la que acaba en una tetina como tapón y ese globo mojado con formas de ubre...

Desde la entrada

El impacto está asegurado desde la misma entrada. Antes de contemplar cada publicidad de cerca el visitante se encuentra con un recipiente del que penden dos grifos para servirse agua, como los que hay en tantas empresas. Nada de líquido incoloro, inodoro e insípido. Ese 'agua' presenta el color parduzco de la tierra, debe oler a demonios y saber a mierda. Es la que tienen muchísimos habitantes de Somalia.

El CEA apunta algunos datos para utilizar el agua de modo responsable. La conceja de Medio Ambiente, Idoia Garmendia, recordó ayer que «con veinte euros se puede clorar el agua de una familia para un año».



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