Los vecinos de Gallarreko, en Areta, han reclamado mediante varias pancartas colocadas en la fachada de sus casas «soluciones» para la situación de su calle, que «está olvidada por el Ayuntamiento». Los residentes en esta zona quieren que se «señalice la ubicación del acceso porque ahora los servicios públicos, como las ambulancias, los bomberos o la policía, no nos identifican».
El acceso a la calle Gallarreko se realiza por una pequeña entrada en la curva de Atxeta, con muy mala visibilidad para los vehículos. Esta circunstancia hace que «cuando pedimos una ambulancia, tengamos que salir a la carretera para indicar a los chóferes el camino», explicó una vecina, que se mostró indignada porque «tengo a dos personas mayores en casa y necesito que vengan ambulancias muy a menudo para realizar consultas en el hospital o porque se ponen enfermas, pero no saben por dónde llegar».
Los vecinos han acudido en los últimos días al Ayuntamiento para reclamar una mejora de la señalización, pero se mostraron defraudados porque «lo único que nos han dicho es que no hay un lugar adecuado para poner las señales». Debido a esta situación, los residentes del barrio han decidido protestar mediante la colocación de pancartas en las que exigen al Ayuntamiento atención para la calle en la que viven.
Otra de las peticiones de los vecinos es la colocación de una barandilla que proteja a los niños del barrio para que no caigan al río, situado justo al lado. «Sólo queremos que la alarguen unos metros, hasta la altura de la casa», exigió otra residente en el bloque «porque la han dejado junto donde han terminado la urbanización nueva», apuntaron.
Suciedad
La calle Gallarreko se encuentra justo en el límite entre Llodio y Arrankudiaga, lo que según los vecinos, «nos deja en tierra de nadie». En anteriores ocasiones, y también en las asambleas de barrio que se celebran anualmente en la Casa de Cultura del barrio, los vecinos han reclamado el acondicionamiento urbanístico de todas las calles, «que en ocasiones están sucias y mal iluminadas», denuncian, así como el arreglo de los jardines, «que se llenan de matorrales», sin que de momento hayan obtenido respuesta a sus demandas, pese a que «también pagamos», como reza una de las pancartas reivindicativas.