El ministro italiano del Interior, Giuseppe Pisanu, mostró ayer su satisfacción por el arresto de Bernardo Provenzano y aseguró que sin él la Cosa Nostra «sufre una innegable decapitación». Pisanu hizo estas declaraciones durante una conferencia de prensa en Roma, en la que subrayó que con la operación «el Estado obtiene una victoria de importancia decisiva».
En la comparecencia pública participó también el fiscal nacional antimafia, el siciliano Pietro Grasso, que excluyó que el detenido «tenga intención de colaborar con la Justicia».
También detalló que no ha habido «ninguna negociación» con cómplices de Provenzano para conocer su paradero: «Sólo la dedicación de los magistrados, los investigadores, mucha paciencia, mucha discreción y muchas ganas», añadió, tras agradecer la labor del equipo de investigación, integrado por detectives, informáticos, electrónicos y expertos de la Policía científica y criminal.
También agregó que durante todos estos años el jefe supremo de la Cosa Nostra estuvo protegido por una cerrada red de colaboradores entre los que se contaron «empresarios y políticos».
Los agentes que seguían sus pasos estuvieron a punto de 'cazarlo' en dos ocasiones anteriores: a finales de los noventa, cuando fue detenido en un control de carreteras, pero le dejaron marchar al no reconocerlo, y en 2001, después de localizar en una zona rural de Sicilia su escondite, del que escapó unos minutos antes de que irrumpiera la Policía.