Unos gatos hidráulicos empujaban ayer con parsimonia a un kilómetro del núcleo urbano de Manzanos una pesada estructura de tres millones de kilogramos de peso hasta encajarla debajo del trazado de la vía férrea. Será el nuevo paso subterráneo bajo el tren que sustituirá al existente hasta ahora, claramente obsoleto e insuficiente para atender las actuales necesidades del tráfico en la zona.
Los técnicos y operarios ultimaban así un trabajo que les ha llevado casi un mes y al que ayer ponían punto final bajo la atenta mirada de los responsables forales -encabezados por el diputado de Obras Públicas, Javier de Andrés- y de los periodistas.
Trenes ininterrumpidos
La necesidad de no interrumpir el intenso tráfico ferroviario que soporta el lugar -nueve o diez trenes cada hora, tanto de viajeros como de mercancías- ha obligado a construir a unos metros de distancia la pesada estructura y a encajarla después en el hueco reservado, en un terraplén ya perfilado. El singular procedimiento seguido daba ayer realce al proyecto.
El nuevo paso subterráneo tendrá una anchura de diez metros y medio -tres veces más que el ahora existente- y facilitará el flujo de tráfico por la carretera A-3310, procedente de Ribera Alta y Ribera Baja, que busca enlazar con la cercana N-I.
La amplitud del túnel permitirá disponer de dos sentidos para la circulación rodada, además de dos aceras para el paso de peatones. Por otra parte, se mantendrá, al menos por ahora, el viejo túnel contiguo.
La construcción del paso va acompañada de la reforma y mejora del firme de la carretera a lo largo de un kilómetro.
El costo del proyecto supera ligeramente los mil millones de euros, mil setecientos millones de las antiguas pesetas.
Las obras comenzaron en octubre del pasado año y el ingeniero jefe del Servicio foral de Carreteras, Miguel Ángel Ortiz de Landaluce, calcula que estarán terminadas dentro de tres meses, para los primeros días de julio.