Ya saben ustedes que un pesimista no es más que un optimista bien informado, proverbio impecable que se demuestra cada día y cada hora. Los optimistas bien informados ya sabíamos que en esta ciudad no se iba a construir un auditorio de música y artes escénicas a causa de estúpidas rencillas políticas, falta de visión de futuro, desprecio hacia la cultura y otras causas mayores y menores que dejan a nuestros representantes locales a la altura del barro.
Así que nos hemos quedado sin un magnífico proyecto y que ninguno de los opositores al mismo son capaces de explicar con coherencia cuál es la razón. Las habituales acusaciones de electoralismo, de rentabilidad (si siguiéramos esos parámetros no se hubieran pintado ni las cuevas de Altamira), de falta de presupuesto (si se tratara de un campo de fútbol el debate no hubiera durado ni diez minutos) y todos los etcéteras que a ustedes se les ocurran. Un fiasco total con culpables conocidos.
Hemos perdido otro tren, hemos dejado a Navarro con un palmo de narices y hemos dado una lección de estupidez colectiva que recordaremos durante mucho tiempo. Y permítanme decir que el papel representado por la izquierda municipal en este caso ha sido el más lamentable de todos. Lo dice una persona cuyas inclinaciones ideológicas están fuera de toda duda. Se nos deben explicaciones solventes, las que no ha habido. Por un quítame allá esas trifulcas de menor entidad política nos hemos quedado sin música.
Ya sé, lo he comprobado, que nuestros admirables munícipes no acuden nunca a eventos musicales, salvo si se trata de salsas y merengues, bulerías o tanguillos. Para qué quieren un auditorio entonces si tienen Tau y Glorioso cada fin de semana, sucesos en los que la única música que se escucha es a base de silbidos, gritos airados o entusiastas, pataleos y otras maneras de gozar de la cultura.
Lo que podemos hacer es pasar por el lugar destinado al auditorio, arrojar unos crisantemos lúgubres y pensar con melancolía inútil en lo que pudo ser y no fue. Que cada cual asuma su responsabilidad, si es que alguien tiene lo que hay que tener para hacerlo.