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Jueves, 13 de abril de 2006
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El anuncio de su 'alto el fuego permanente' y el contenido de los posteriores escritos de ETA suscitan una incógnita entre otras: qué papel pretende arrogarse la organización terrorista en el 'proceso'. Identificada la negociación como un 'frente de lucha' más, no parece claro que ETA esté dispuesta a ceder a los partidos políticos vascos todo el protagonismo y con todas las consecuencias. La Declaración de Anoeta establecía «dos espacios diferenciados para el diálogo y el acuerdo». Uno a conformar entre «los agentes de Euskal Herria» y el otro «entre ETA y los estados español y francés». La mención a esos dos espacios fue interpretada como una novedosa apuesta de la izquierda abertzale por constituir dos mesas compartimentadas, aunque paralelas y simultáneas. Con el tiempo han surgido las dudas y las preocupaciones.

En su último zutabe ETA despliega todo un argumentario sobre la negociación que, si no de manera explícita, supone su implícita vindicación de un papel más estelar que el que le concedía la Declaración de Anoeta. Advierte de que el tema de los presos no es meramente técnico, sino político. Critica al PNV por pretender que los partidos protagonicen en exclusiva el diálogo. Y muestra su disposición a dar cuenta de su voluntad precisa, bien directamente o a través de intermediarios a elegir, a quien así se lo solicite. Un reciente documento atribuido a Ekin concede a la «negociación entre ETA y los Estados» la función «garante de los acuerdos y los resultados» que se alcancen «entre los agentes vascos». Una mención que se asemeja más a las viejas pretensiones negociadoras de ETA en los años 80 que al esquema que parecía desprenderse de la Declaración de Anoeta.

La propia existencia de la banda terrorista presupone dirigismo respecto al conjunto de la izquierda abertzale y un papel fiscalizador respecto a cómo administren partidos e instituciones el tempo político 'en ausencia de violencia'. Corresponde a la lógica de ETA recabar para sí un papel determinante en esto que pudiera desembocar en un 'proceso de paz'. Además, concurre un factor que puede llevar a la banda terrorista a realzar el perfil político de sus exigencias: las más que evidentes dificultades con que se topará si realmente pretende conquistar -tal y como señala en el zutabe- el binomio amnistía-democracia para inaugurar su particular transición. Es probable que ETA se muestre reacia a involucrarse directa y formalmente en una negociación cuyos resultados pudieran tasarse de forma neta. Demasiado compromiso. De ahí que, también probablemente, opte por sobrevolar el 'proceso', condicionándolo, para reivindicarlo o denostarlo según le vayan las cosas. En cualquier caso, la verificación del rol que trate de desempeñar ETA constituye el indicativo más preciso para vaticinar qué tipo de problemas se pueden presentar antes de que el terrorismo desaparezca definitivamente.

k.aulestia@diario-elcorreo.com



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