Se considera una cuentista, en el buen sentido de la palabra, porque disfruta escribiendo relatos breves. Sin embargo la novela llamó a su puerta y acabó sucumbiendo a la tentación. 'Amaren eskuak' es un grito a favor de las ganas de vivir, una conmovedora narración que indaga en las relaciones entre una madre y su hija.
-Entre generaciones, ¿cambian las arrugas y poco más?
-Hay temas como el amor o la muerte que preocupan en cualquier época. Somos la misma cosa con distintos condicionantes.
-¿Y por qué nos cuesta tanto entendernos con nuestros padres?
-Por el contexto que nos rodea, que marca mucho. En el fondo somos muy parecidos, pero lo que nos rodea nos condiciona.
-¿Qué tiene esta novela de usted?
-Curiosamente la protagonista tiene mi misma edad y es periodista porque era más fácil para mí explicar esta profesión que cualquier otra.
-Como periodista, ¿qué secreto descubriría usted de Karmele Jaio?
-No hay secretos. Sólo que escribir exige mucho trabajo diario y que hay que ser muy observador. Otra cosa importante es que no conviene perder la capacidad de asombro nunca.
-¿Vive la literatura un momento dulce en Euskadi?
-Pienso que sí. Hay una generación de escritores muy buenos.
-¿Quién le enseñó a escribir?
-Las lecturas.
-¿Alguien le ha marcado de forma especial en su profesión?
-Formé parte de un curso de relatos en El Escorial y conocí al escritor Medardo Fraile. Sus cuentos son una maravilla y su forma de explicar como los escribe, también. Me marcó muchísimo.
-¿Le contaban cuentos antes de acostarse?
-Claro que sí. Mi madre me contaba el cuento de 'Los siete cabritillos' una y otra vez. Me ponía muy pesada porque no me cansaba de escucharlo (risas).
-¿Es el cuento de su vida?
-Ese de cuando era pequeña, y luego 'Alicia en el país de las maravillas'. Tiene un mensaje detrás fascinante.
-¿Qué tiene el relato de Lewis Carroll que tanto atrae?
-Yo lo entiendo como una metáfora de la vida. Alicia cayó en un mundo que desconocía, lleno de locos, y se tuvo que amoldar a él. A nosotros nos pasa algo parecido, ¿no?
-Le veo feliz, ¿vive usted ahora en el país de las maravillas?
-Ja, ja... Es posible, sí, estoy viviendo un buen momento. Soy optimista.
-El escritor, ¿ha de ser comprometido, 'mojarse' de vez en cuando?
-Yo no escribo pensando en lo que me voy a meter, escribo sobre la realidad y, sin darte cuenta, te tienes que 'mojar'. Tienes que dar tu punto de vista.
-Paulo Coelho dijo el otro día que él publicó varios artículos contra la guerra de Irak, ¿con eso basta?
-El arma del escritor es la palabra. Cada cual tiene que implicarse en el campo en el que le toca jugar.
-¿Cómo se imagina la cultura del siglo que viene?
-El tronco seguirá siendo el mismo, cambiarán las formas de expresión.
-¿Qué proyectos tiene?
-Vuelvo a los cuentos, ya tenía ganas y estoy en ello.