«Si quieres conseguir algo importante, hay que hacer gestas importantes». Esta frase de Velimir Perasovic en la previa del partido fue premonitoria. El TAU superó todos los obstáculos habidos y por haber para sacar el billete a Praga y de paso terminó con el maleficio del OAKA. No lo pudo hacer en mejor momento.
Temperamento, carácter, pundonor, esfuerzo... Todas son virtudes que pueden definir a la perfección lo que mostró el conjunto baskonista sobre la cancha griega. Tras el primer asalto de la eliminatoria en Atenas ya se hablaba de que el Panathinaikos estaba clasificado para la 'Final Four'. Tras la derrota en el Buesa Arena se decía un tanto de lo mismo pues en la presente temporada sólo dos equipos habían profanado el santuario griego en la Euroliga. Pues no dieron ni una en los pronósticos.
Casi desde el primer minuto de juego los cerca de 20.000 aficionados que abarrotaron el pabellón vieron peligrar la clasificación e intentaron apoyar a los suyos. No sólo hicieron vibrar los ya conocidos 'aplaudidores', sino que utilizaron otras artimañas que no por conocidas no dejan de sorprender por estos lares. En el minuto 13 cayó un petardo en el banquillo azulgrana y alguna que otra bengala hizo acto de presencia en el graderío.
Hasta los jugadores alaveses tuvieron que sufrir en sus propias carnes los rigores de la hinchada verde. Un puntero láser aparecía reflejado en su cara en la segunda parte cuando se disponían a lanzar los tiros libres. Pero, ¿quién dijo miedo? Nada ni nadie hizo que les temblaran las piernas a los hombres de Perasovic. Todo lo contrario. Cada vez que se acercaba el Panathinaikos en el marcador, el TAU se hacía más grande a base de garra y acierto anotador.
La 'caldera' se apagó
La 'caldera' se fue apagando. El punto de ebullición se quedó helado en un instante porque el TAU hacía callar a los seguidores locales. Ni la temida actuación arbitral dio paso a una posible reacción helena.
El TAU llegó al OAKA con cinco derrotas en otros tantos encuentros -incluido el del martes de la semana pasada- y de un plumazo se cargó todas las cábalas más pesimistas. La leyenda baskonista en Europa sigue subiendo como la espuma y Praga ya está en el horizonte. Nadie puede dar más.