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Viernes, 14 de abril de 2006
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RELAJADO. Prodi no olvidó ayer su ejercicio diario. / AFP
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Silvio Berlusconi leyó el pensamiento a los periodistas que le esperaban la noche del miércoles a la puerta del Quirinale, sede de la presidencia de la República: «¿Qué creíais, que os habíais librado de mí?». El magnate italiano se resiste a perder como gato panza arriba y, abandonada ya su imagen de moderación del día siguiente a las elecciones, ha vuelto por sus fueros. Se está impacientando. Ha dicho que ha habido «muchos chanchullos», en esencia una denuncia de fraude, y que el resultado no sólo «debe cambiar», sino que «va a cambiar». Además, no ha dudado en falsear los datos en un asunto tan delicado. Habla de más de un millón de votos irregulares en la Cámara de Diputados, pero en realidad está metiendo en el mismo saco los blancos (440.000), los nulos (611.000) y los impugnados (43.000). La verdad es que son sólo estos últimos, los apartados por las mesas electorales ante las protestas de los observadores de los partidos, los que se están verificando, siguiendo la ley. La respuesta de Romano Prodi fue simple: «Váyase a casa de una vez».
 
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