La fe y el empeño de los cofrades vitorianos consiguen cada año que la Pasión y Muerte de Cristo se hagan visibles en las calles de la ciudad. Aunque no formen parte de los cerca de cuarenta actos religiosos declarados de interés turístico nacional, las procesiones de Semana Santa de la capital alavesa atesoran más de cuatro siglos de antigüedad y son dos de los actos más tradicionales de Vitoria. Son manifestaciones religiosas ajenas por completo al espectáculo que las rodea en otros municipios españoles, pero en ellas puede sentirse un recogimiento y un fervor muy especiales.
La primera procesión, la del Silencio, partió a las nueve de la noche de ayer de la plaza de los Desamparados y fue seguida por miles de personas en las calles Ortiz de Zárate, Florida, Dato, General Álava de Independencia.
Con el sobrio acompañamiento sonoro de una banda de tambores y trompetas, la comitiva estaba encabezada por la Cruz Enarbolada, un madero de chopo hueco, forrado de cuero curtido, que lleva cerca de 150 años acompañando las procesiones del Jueves y Viernes Santo en Vitoria.
Con hábitos blancos y capuchones azul celeste, unos cien penitentes de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de la Vera Cruz integraban anoche el cortejo que rememora las últimas jornadas de la vida terrena de Jesús. «Vengo con mis hijos para que visualicen el sufrimiento del Señor para salvarnos», apuntaba a EL CORREO Isabel Fernández.
Seis pasos
Los principales episodios de aquellas horas, según los Evangelios, aparecían representados en los seis pasos que configuran la marcha: 'La última cena', 'La oración en el huerto', 'El beso de Judas', 'Ecce Homo', 'Cristo crucificado' y 'La soledad'. Entre esas imágenes dolientes, destaca por su valor artístico el 'Ecce Homo', una talla flamenca del siglo XV que conmovió a quienes contemplaban la procesión. «No me importa que esta procesión sea humilde porque yo lo que siento en ella es el amor que encierra la muerte de Jesús, comentaba Cristina.
Mientras las saetas elevaban la emoción de los creyentes, el desfile siguió el trayecto previsto y regresó a su punto de partida más de una hora después, cuando la noche ya se había adueñado de la ciudad.
Aún quedaban muchas horas de oración, sermones y ceremonias para la segunda y última de las procesiones de la Semana Santa vitoriana, la del Santo Entierro, que organiza cada Viernes Santo la parroquia de San Vicente.
Considerado el más espectacular del ciclo local, el desfile que conmemora la muerte de Jesús cuenta con la participación de varias cofradías y exhibe una docena de imágenes. La más valiosa, según los expertos, es 'La flagelación', una talla atribuida a Gregorio Fernández.