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Viernes, 14 de abril de 2006
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ÁLAVA
«¿Dónde vamos de pinchos?»
Plano en ristre, cientos de turistas descubren la «muy cuidada» Vitoria, preguntan por su catedral vieja y se interesan, sobre todo, por su gastronomía
«¿Dónde vamos de pinchos?»
LOS JIMÉNEZ. Mariano Jiménez, Pilar Lucas, Marta, Rocío, Encarna González y Javier Jiménez, en la Brullería. / FOTOS: BLANCA CASTILLO
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Plano en ristre y cámara de fotos al cuello les delatan. Son turistas y ayer llenaron el centro Vitoria, casi despoblada tras la desbandada generalizada de los miles de vecinos que se dan de baja de la ciudad por Semana Santa. La Oficina de Información de General Loma estuvo a rebosar. Las tres empleadas no daban a basto para atender a los varios cientos de personas que requerían orientación general de la ciudad y sus alrededores, además de interesarse por la gastronomía local.

A las doce en punto del mediodía, Federico Durán, su mujer y un matrimonio de amigos acaban de llegar de Madrid. Su primera impresión de la capital alavesa es que «es muy bonita». Tienen previsto hacer «sólo una noche», con lo que no piensan perder el tiempo. «Por la mañana queremos recorrer la parte antigua que nos han dicho que es muy interesante y luego iremos de pinchos por la calle Dato». Ya está decidido.

Muy cerca, Valle Yamuza, una joven de Barcelona aguarda cola para hacerse con el codiciado plano. Ella y su pareja van a quedarse hasta el domingo en Vitoria para conocer Álava «en profundidad. Hace unos cuatro años, cuando volvíamos de Cantabria vimos la cuidada de pasada, nos gustó y nos dijimos 'tenemos que volver'». Entre sus planes, figura visitar la catedral vieja y «conocer la comida de aquí».

Un estómago bien tratado es, sin duda, uno de los mejores reclamos de una ciudad. Un ejemplo son los Jiménez, dos hermanos madrileños que han recalado en la capital de Euskadi con sus respectivas mujeres e hijas. Entre sus planes, es prioritario llevarse un buen recuerdo de la mesa alavesa. Han reservado cuatro noches de hotel y, entre excursión y excursión al Guggenheim y la Concha, esperan hacer más de un hueco para dar gusto al paladar.

La Brullería, a tope

Tanto es así que Encarna González, una de las mujeres, viene preparada. Se ha traído la 'chuleta' con diferentes 'templos' culinarios y sus respectivas especialidades. Pero como no sólo de pan vive el hombre, mientras ellos piensan en «una buena alubiada con 'rioja'» y las niñas en «chocolates que nos han dicho que son muy buenos», Encarna y su cuñada Pilar se adentran en la oficina de acogida al visitante de la catedral vieja para intentar hacer la visita guiada aunque no tienen cita previa. Lo consiguen. Las azafatas contratadas por la Fundación Santa María les piden el teléfono móvil para avisarles en cuento se forme un grupo al margen de las más de 300 reservas.

La plaza de la Brullería es un hervidero de gentes que salen y entran del templo en obras. «Nos han dicho que la novela 'Los pilares de la tierra' se basa en esta catedral. ¿Es verdad?», pregunta Encarna. «No. Lo que ocurre es que Ken Follet se está documentado en esta catedral para la segunda parte de la novela», le explica una vitoriana que sigue de cerca el devenir del templo.

Por Santa María y «una novela de un escritor, creo que Coelho,» pregunta Carlos Ortas, un joven de Huesca que pasea con su novia y otra pareja aragonesa por la zona de Montehermoso. «¿Estamos de paso hacia Asturias. Nos llevamos la impresión de que Vitoria es una ciudad bonita y muy bien cuidada», dice Jara Acín. «Nos ha sorprendido el Casco Medieval. No imaginábamos que tuviese tantos edificios de aquella época. No tiene nada espectacular pero gusta por su conjunto», apostilla Nuria Zardoya. El cuarto en intervenir es Sergio Arriola. Se repite la pregunta. «¿Queremos picar algo antes de irnos. A dónde vamos de pinchos?»



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