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Viernes, 14 de abril de 2006
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CULTURA
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Aspirantes con nota
La Jóven Orquesta de Euskal Herria comenzó ayer en Vitoria sus pruebas de acceso, a las que se han presentado más de 170 músicos
Aspirantes con nota
REFLEXIÓN. El alavés Iván casado medita apoyado en su cello. / FOTOS: IGOR AIZPURU
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No estaba nervioso, y si lo estaba, no lo exteriorizaba. Iván Casado, un alavés de 17 años que toca el cello, es uno de los más de 170 músicos que se presentan estos días a las pruebas de acceso a la Joven Orquesta de Euskal Herria. Los aspirantes tratan de conseguir una plaza de titular mediante un casting que tiene lugar en Musikaetxea durante estos días festivos. El joven cellista comenta con el pianista acompañante, Patxi Azpiri, detalles de la prueba que en breves instantes va a realizar. Solventadas las dudas, revisa las partituras, consulta su teléfono móvil y deja que pasen los segundos malditos aporreando rítmicamente con los dedos la madera de su instrumento. Mikel Arregui, director técnico de la EGO, le avisa de que es su turno y el chaval se interna sin miedo en la habitación.

Cada prueba dura pocos minutos. Los estudiantes deben demostrar su talento logrando las mejores melodías, los sonidos más redondos y depurados. «Los mismos examinadores te relajan, son muy comprensivos», cuenta el bilbaíno Eric Abeijón mientras recoge su violonchelo, «el instrumento más bonito que existe», según palabras del músico, que empezó a tocarlo con siete años.

Media vida estudiando

Por décimo año consecutivo, la EGO realiza sus pruebas de admisión en Vitoria. Es un proyecto por el que ya han pasado más de seiscientos jóvenes y cuyo fin principal es proporcionar un cauce de formación orquestal de alto nivel. Irene Cereceda ha viajado desde Logroño cargada con su contrabajo. Tiene 18 años y lleva nueve, la mitad de su vida, estudiando música. «Mi profesora me animó a que me presentara y aquí estoy», confiesa mientras mira con instinto maternal su pesado instrumento. Sara Uriel comparte su pasión. La soriana maniobraba con el contrabajo para colarlo por una estrecha puerta. «Cuando entré al conservatorio sólo podía elegir entre contrabajo y trompa, y le dije a mi madre que yo no quería soplar», recuerda la muchacha, que ha acabado cogiéndole mucho cariño. «Llevo ocho años en orquestas sinfónicas. Soy primer contrabajo en la de Oviedo y en la de Soria, y me gustaría probar en Euskadi». Para el futuro, un sueño: formar parte de la Orquesta Filarmónica de Viena. Quién sabe.

Un pamplonica con arte seca el sudor de sus manos tras haberse enfrentado al tribunal. «Al principio me ha salido un poco mal, pero pronto he ido mejorando», susurra Mikel Picallo. Toca la viola y ya ha colaborado en alguna ocasión con la EGO. A sus dieciocho años, el navarro tiene claro que quiere dedicarse profesionalmente a la música, «aunque es algo complicado porque tienes que ser muy bueno», sentencia.

La que casi no llega a tiempo es Marta Tazón. Su coche le jugó una mala pasada antes de salir de Santander: «Se estropeó y hemos tenido que venir a mil por hora». Las anécdotas se multiplican entre los aspirantes a la EGO. El próximo martes se hará público el resultado y treinta afortunados sabrán que el 1 de junio comienza un nuevo ciclo en su corta vida musical.



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