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Viernes, 14 de abril de 2006
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CULTURA
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Un agitador de masas
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Del blanco cerúleo al negro antracita. Quien se inscriba en la página web de Spencer Tunick para ser inmortalizado por su cámara debe señalar, además del sexo y una edad superior a 18 años, su color de piel de entre una paleta de tonos. Entrará así en la base de datos del artista y recibirá puntual información de próximas convocatorias. Formar parte de sus «instalaciones humanas», como Tunick gusta definirlas, implica pegarse el madrugón para no perturbar la vida cotidiana de la ciudad. La ropa se abandona en un corrillo vigilado y el anfitrión suele invitar a desayunar tras la experiencia. Nadie cobra, tan sólo se recibe por correo, meses después, una fotografía en edición limitada.

¿Qué impulsa a gente de toda raza, edad y condición a posar en cueros? El fotógrafo neoyorquino apela al contraste entre la vulnerabilidad de sentirse desnudo y el anonimato de los espacios públicos. Cada 'performance' se convierte en una fiesta, como la que en junio de 2003 reunió a 7.000 modelos en Barcelona para convertir la Avenida María Cristina en una alfombra humana. El récord de masas desnudas para un agitador que en su primera convocatoria, en 1994, convenció a 28 neoyorquinos para que se desvistieran frente al edificio de la ONU.

Tunick se reconoce deudor de Claus Oldenberg -un escultor cuyas piezas pop asaltan el paisaje- y de la arquitectura de líneas puras de Frank Lloyd Wright. Se mueve entre la apología del nudismo y la transgresión de las leyes. Así, en 1999 fue arrestado en Manhattan por alteración del orden público y conducta inmoral cuando daba órdenes, megáfono en mano, a 150 devotos dentro del proyecto 'Naked States' (Estados Desnudos).

El morbo de Tunick poco tiene que ver con la pornografía. No le interesa la belleza del cuerpo individual ni persigue un efecto erótico en sus composiciones. El desasosiego que provoca la plasticidad de sus fotografías remite a esa estética de calles vacías que tan bien ha explotado el reciente cine de ciencia-ficción -de 'Abre los ojos' a '28 días después'- y al imaginario colectivo de los campos de concentración nazis.



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