-Hace unos años aseguró que la gente con joyas de oro jamás aparecería en sus fotos. ¿Por qué?
-Eso no fue exactamente así. Lo que dije en realidad es que la gente con muchas joyas de oro, cadenas, pendientes, anillos y todas esas cosas, rechazaría trabajar conmigo. Mire, si yo me lanzo y me acerco a esas personas por la calle y les pido que posen para mí, el 75% de ellos contestaría que no. Pero últimamente las cosas han cambiado.
-¿Por qué?
-Porque llevar oro se ha puesto de moda. Ja, ja, ja.
-¿Las fotografías tienen memoria?
-Por supuesto. Pero la memoria corresponde a las personas que han participado en la fotografía. Corresponde a la ciudad, a los museos, a los coleccionistas de arte, gente que tiene sus propias ideas acerca del trabajo realizado.
-¿Cree que sus fotos son una expresión moderna del erotismo?
-Mi trabajo consiste en entablar un diálogo entre los cuerpos desnudos y la concepción del arte visual contemporáneo. Quiero decir que la desnudez, los cuerpos, pueden usarse a otros niveles, no necesariamente eróticos. Es decir, en este caso hablamos de objetos artísticos, no eróticos. Un cuerpo desnudo no siempre tiene que denotar el erotismo al cien por cien.
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