El Correo Digital
Domingo, 16 de abril de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
 
SEPULCRO. Monjes franciscanos conversan junto a una escalera de mano, ayer en Jerusalén. / AP
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Los peregrinos que estos días recorren desde la Torre Antonia la Vía Dolorosa en Jerusalén finalizan su Viacrucis en el Santo Sepulcro, que se alza en medio de un barrio abigarrado, de angostas callejuelas. Si se accede por los tejados sobre la capilla de Santa Elena se tiene la oportunidad de conocer las espartanas celdas de los monjes etíopes, que se dedican a la lectura de sus libros de oración a la luz de las velas. Parecen estampas de otro tiempo. Y lo son. Etíopes, sirios, armenios, coptos... Religiosos de distintas confesiones rivalizan en el interior y el exterior de uno de los lugares más santos para los cristianos.
 

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