-¿Siente haber cerrado su agencia de Fueros ahora que se han iniciado las obras para eliminar el tráfico de esa calle?
-Peatonalizar en Vitoria una calle es matarla. Durante las obras y después. Mire si no en qué se ha quedado San Prudencio. O Postas. No, no me apena hacerla cerrado. Soy muy nervioso y el ritmo de vida que llevaba me estaba costando la vida.
-Cerca de 170 lonjas en el Casco Medieval están vacías. ¿Los andenes móviles y el futuro párking las llenarán de actividad?
-No, no. Eso no es más que poner facilidades. Yo estoy convencido de que la única manera de resucitar el Casco Viejo es que la Administración traslade allí todas sus dependencias.
-¿Habla usted de convertirla en la 'city'?
-Exacto. La gente necesitaría ir al Casco Viejo para resolver el 80% de sus problemas. Se abrirían bares, restaurantes... Le daría vida.
-Tras años de conflicto, el paquete del auditorio y palacio de congresos regresan al cajón. ¿Decepcionado?
-A mí lo que me fastidia es que los ciudadanos cometamos errores y paguemos por ello, y los políticos no. Habría que pedirles responsabilidades. Sobre todo cuando se han tirado un montón de millones, como en este caso.
-Falta un año para la cita con las urnas. ¿Los electores tendrán más en cuenta del alcalde el nuevo 'skyline' de la ciudad al Este y al Oeste o los planes fallidos?
-Yo creo que a la hora de votar la gente tiene más en cuenta los errores cometidos. Consideran que lo que se ha hecho bien es porque es obligación del que manda.
-¿Para usted suma más lo positivo de la gestión de Alonso o resta más lo negativo?
-Yo creo que suma más lo positivo que lo negativo.
-Para acabar, ¿algo que decir con respecto al proceso de pacificación abierto?
-Bendita sea la hora de la pacificación. Esa nueva Euskadi sería genial. Por eso, en ese proceso hay que echar el resto. Todo. Y si hay que negociar, se negocia.