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Domingo, 16 de abril de 2006
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ÁLAVA
Las tres noches de Napoleón en Vitoria
En 1808 el emperador francés llegó a la capital alavesa enfadado con su hermano José por la derrota de Bailén; historiadores y cronistas desvelan cómo fue su paso por Etxezarra
Las tres noches de Napoleón en Vitoria
RECREACIÓN. Imagen de la maqueta que revive la estancia de Napoleón en Etxezarra. / BLANCA CASTILLO
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1808. En plena Guerra de la Independencia, Napoleón arrasa el continente y se entera de una insólita noticia: su hermano, el rey José, abandonaba Madrid y retrasaba sus tropas hacia el Norte tras la derrota de la batalla de Bailén el 19 de julio. El legendario ejército francés, que no perdía una contienda desde 1792, había caído ante los batallones españoles, considerados de segunda fila. La incredulidad azotaba Europa. El emperador monta en cólera. Está en Austria y decide poner rumbo a la Península para poner orden en persona. En ese momento, Europa tiembla con sólo escuchar su nombre. Está enfurecido con José, que le espera en una ciudad llamada Vitoria. Así es como el general invencible, el mito de la guerra, entra en la capital alavesa el 5 de noviembre con todo su séquito.

Hasta ahí llega la Historia oficial, y a partir de ese momento surgen las incógnitas y la controversia sobre qué pasó durante las horas en las que Napoleón estuvo en Vitoria. ¿Durmió realmente esa noche en la casa Etxezarra de Portal de Castilla, hoy de plena actualidad municipal por su conversión en apartamentos tutelados? Hay voces a favor y en contra, pero las crónicas históricas, el Archivo Municipal y los especialistas consultados por EL CORREO apuntan a que la respuesta es afirmativa.

Enfadado, Napoleón declinó la invitación de su hermano José para hospedarse en el Palacio de Montehermoso ignorándole por completo. El emperador llegaba para reorganizar todas sus tropas y optó por acudir a la casa del banquero Josef Perfecto Fernández de la Cuesta, es decir, Etxezarra. Y eso que, según el acta municipal, el Ayuntamiento le había preparado un recibimiento que incluía «funciones y regocijos» dignos de «las personas reales».

Son varias las fuentes que corroboran que Napoleón estuvo en Etxezarra. Una de las más valoradas es la del catedrático Eulogio Serdán, que en su obra 'El libro de la ciudad', editada en 1929, precisaba que el emperador «no se alojó con José; atravesó la ciudad de Norte a Sur, instalándose en las afueras, en la casa del banquero Cuesta». En 1979, Venancio del Val confirmaba esta tesis en su trabajo 'Calles vitorianas'.

«Fueron tres»

«¿Cómo se puede negar la evidencia?», pregunta Emilio Larreina, quien para muchos es la máxima autoridad en la materia pese a no ser licenciado en Historia. A sus 61 años lleva «toda la vida» investigando lo que sucedió durante esos días. De hecho, y como presidente de la Asociación Alavesa de Miniaturas, es el autor de la maqueta que recrea la llegada del emperador a Etxezarra, un diorama que desde el pasado martes puede contemplarse en el Museo de Armería, la segunda casa de Larreina. En la pequeña biblioteca de ese complejo, donde rebusca entre las baldas, no sólo se reafirma en su teoría, sino que se da la vuelta, hace una pausa eterna y sentencia con ironía: «En realidad es falso que Napoleón durmió una noche en el caserón... porque fueron tres».

La teoría de Larreina es demoledora. Según afirma, el genio francés de la estrategia castrense llegó a Vitoria el 5 de noviembre de 1808 y se marchó el 9 en dirección a Armiñón. «Son cuatro días y tres noches, está claro y documentado. Hay escritos en Madrid y en el castillo de Fontainebleau», sostiene.

Y no es el único. A pesar de haber sido preguntados por separado, esta explicación es compartida también por el cronista local Joaquín Jiménez y por José Eguía, doctor en Historia y jefe técnico de los museos de Armería y de Naipes de Vitoria.

Los tres se basan en los escritos que duermen en las bibliotecas, «a los que muchos cierran los ojos».

El tomo tres de la obra 'Guerra de la Independencia', editado en 1972 por Juan Priego López -«que era una eminencia en la materia», según Larreina-, dice que Napoleón «llegó a Vitoria en la noche del 5 al 6 de noviembre» y unas páginas después relata que el día 9 se trasladó con la guardia imperial «a Armiñón, cerca de Miranda».

Coincidencia

Joaquín Jiménez se basa en otro texto «absolutamente contundente» firmado por el historiador Vicente González de Echávarri e impreso en 1902. Se trata de 'Alaveses ilustres', que en su tomo cuarto narra que Napoleón prefirió hospedarse «en las afueras» de Vitoria, ocupando «la casa del banquero Cuesta en El Prado». La clave está más adelante, cuando cuenta la marcha del emperador con la siguiente frase: «El día 9 sale de Vitoria en dirección a Madrid», subraya.

La 'teoría de las tres noches' no está tan clara para todos los expertos. El profesor de Historia del campus alavés José María Ortiz de Orruño no la niega, tampoco la desmiente. «No se puede certificar que Napoleón durmiera en Etxezarra, pero es muy factible que fuera así. Yo lo creo», afirma. Para fundamentar su postura aporta dos razones. Una, que el emperador llegó «muy enfadado con José Bonaparte y es normal que no quisiera cortejos ni fiestas de su parte». Y dos, que la tradición oral «dice que pasó al menos una noche en la casona».

Etxezarra, que data del siglo XVIII, es ahora un edificio en ruinas que una constructora convertirá en breve en un salón multiusos con 44 pisos tutelados.

Su último morador, Javier Postigo, recuerda con nostalgia que nació en el inmueble hace 44 años, cerca del dormitorio «donde dicen que durmió Napoleón, aunque yo nunca he sabido si era verdad o mentira». En 1995 dejó de ser inquilino «de la mejor casa de Vitoria», donde recuerda «un gran pozo» en los jardines traseros. «Cuando era pequeño era una gozada vivir allí y me da pena ver así el edificio», apunta.

Y es que a la casona le han sobrado las novias. Fue tomada por okupas y la quisieron como sede desde la Sociedad Landázuri a la Real Sociedad Bascongada Amigos del País, pasando por el colegio de peritos. Distintos partidos propusieron convertirla en centro medioambiental, guardería o museo de la ciudad. Nada cristalizó.

Al final, Etxezarra sigue en pie y conserva una inscripción casi borrada en el dintel de una ventana que se resiste a desaparecer: «Hic Napoleon I imperator habitavit anno MDCCCVIII».



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