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Lunes, 17 de abril de 2006
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ÁLAVA
Dionisio Preciado
Dionisio Preciado
Dionisio Preciado. Revista Nassarro (1996).
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CORRESPONDENCIA
Los lectores interesados en hacer llegar sus sugerencias a la sección Nuestro Patrimonio pueden dirigirse por escrito a: Sociedad Landazuri. Palacio de Montehermoso. Fray Zacarías Martínez, 2. 01001 Vitoria-Gasteiz. Teléfono 945 16 26 70 (martes y jueves, de 17.30 a 19.30 horas). Correo electrónico: sociedad.landazuri@vitoria-gasteiz.org. Sitio web: www.landazuri.com

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El próximo 7 de mayo, domingo, tendrá lugar en Agurain un homenaje a un gran músico y gran musicólogo: Dionisio Preciado, hijo de la villa, nacido allí en 1919 y desde hace algunos años residente en el convento de los capuchinos de Errotazar, extramuros de Pamplona.

En esta humilde sección de 'Nuestro patrimonio' teníamos que hacernos eco de la excepcional figura de la música como es Dionisio Preciado, cuya obra tiene una proyección internacional. Ciertamente, aunque sea un poco tarde, reconforta saber que en su tierra va a recibir el tributo de admiración y gratitud que se merece. No es para menos.

En una miscelánea-homenaje que le tributó en 1996 'Nassarre', la revista aragonesa de musicología, se pueden ver los datos biográficos y bibliográficos de Dionisio Preciado, recogidos por Ismael Fernández de la Cuesta, el conocido especialista en canto gregoriano. Siguiendo esa semblanza, sabemos que Dionisio Preciado nació en Agurain el 19 de enero de 1919. Ya de niño destacaba por su excelente voz y su facilidad para la música, bien guiado por el maestro Ramón Sagasti. Ingresó con once años en la Orden de los capuchinos en Alsasua, haciendo sus votos como novicio apenas un mes después de iniciarse la guerra civil.

La profesión solemne como capuchino tuvo lugar en 1941, y su ordenación sacerdotal en 1943. Tras unos años en el convento pamplonés de San Antonio, donde ejercía como organista y director de la escolanía, fue enviado a Chile, donde permaneció once años, desde 1949 hasta 1960, una estancia fructífera que Preciado recuerda con cariño y nostalgia. En Santiago de Chile obtuvo el título de Licenciado en Ciencias Musicales (1959).

Vuelto a España, Dionisio Preciado fue organista en varios conventos (Donostia, Jaca y Zaragoza, entre otros), una labor que compaginaba con la de compositor. Las cualidades intelectuales y artísticas de Preciado le llevaron a hacer varias estancias en el extranjero, entre las que cabe destacar las dos veces que residió en el prestigioso Gray Friars de la Universidad de Oxford (1964-1965). Hay que mencionar asimismo el título de Doctor en Musicología, obtenido en Roma en 1975, con su tesis doctoral sobre Alonso de Tejeda (1540-1628). La tesis mereció la máxima calificación y, además, Dionisio Preciado obtuvo la Medalla de Oro del Papa Pablo VI.

Prestigio enorme

Tras su definitivo regreso a España, Preciado impartió clases en el Conservatorio Superior de Música de Valencia (1976-1978), de donde pasó al Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Se asignó a Preciado la materia de Paleografía musical, más la de Folklore, cuya cátedra había quedado vacante después del fallecimiento repentino de Manuel García Matos.

Dionisio Preciado se jubiló en 1987. Todo el mundo reconoce la huella indeleble que ha dejado, principalmente en el Conservatorio madrileño. Como escribió Fernández de la Cuesta, «sus alumnos recuerdan el rigor y la hondura de sus enseñanzas, amenizadas siempre con bromas y chascarrillos». Y continuaba así: «Los profesores añoramos al buen compañero, al hombre afable, al sabio maestro».

Hace unos días, Preciado nos llamó para agradecer el envío de la revista 'Landázuri', que elogió muy sinceramente. Y en la conversación salió el homenaje del 7 de mayo. Se le notaba ciertamente contento. No es para menos. Esperamos que los actos estén a la altura de su personalidad y renombre. Pero añadiremos algo más. Sugerimos dos cosas. La primera, que las autoridades promuevan una cátedra con su nombre en el Conservatorio Jesús Guridi de Vitoria. Y la segunda, que en un plazo razonable se edite un libro-homenaje, con trabajos de músicos y musicólogos, vascos o no.

Y es que, sin quitar nada a los actos del 7 de mayo, nos parece que hay que buscar un fruto permanente, que, de una parte sea fiel reflejo de la admiración que sentimos hacia Dionisio Preciado, y, de otra, sea una digna aportación a la ciencia musicológica.



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