Hay que fastidiarse. Osakidetza, hace ya mucho tiempo, estableció un servicio de atención sanitaria gratuita a las dentaduras infantiles y aún hoy es el día en el que pasan de la oferta más de la tercera parte de quienes tienen derecho a aprovecharse de ella. Luego, como todo llega, cuando sea el momento de las lamentaciones, los pacientes de dientes medio podridos se quejarán de lo caros que cobran los dentistas y del elevado precio de cualquiera de los tratamientos por ellos ofrecidos para arreglar problemas cuyo origen estuvo en una prevención que no se realizó. Por supuesto, no culparán de dejadez a sus padres quienes -¿por qué no hablamos claro?- en su profundo analfabetismo sanitario no tomaron todas las medidas para cuidar de la salud de sus hijos aunque siempre dijeron que les querían muchísimo. La culpa del mal estado de los dientes será del sistema de la sanidad pública, por no ser gratuita la atención dental para los adultos, más lo aprovechados que son todos los odontólogos, con su conocido empeño de exprimir los jugos de la cartera del cliente.
Resulta desolador que falten cuatro de cada diez niños y adolescentes de los que, con aplicación, deberían revisar sus dentaduras. Es uno más de los muchos síntomas de la incultura sanitaria que nos caracteriza como sociedad. Naturalmente, eso sí, encontraremos numerosos remedios y prevenciones en las páginas de magia que abundan en Internet, como la curiosa recomendación de comer queso para cuidar los dientes del inefable Txumari Alfaro. No queremos al profesional, pero nos gusta el charlatán.