Desde que el hombre construye edificios hay canteras. Pero hoy casi nadie las quiere. Ni los vecinos, ni los ecologistas, ni los técnicos de Medio Ambiente. Sólo las empresas del sector parecen tener predisposición a sacar piedra de los montes. Dado el 'boom' de la construcción resulta muy rentable. Las tres explotaciones activas en Álava han pasado de producir 2 millones de toneladas de áridos en el año 2000 a 3 millones en 2005, un 50% más, según datos del Departamento de Industria del Gobierno vasco.
La producción en España ronda los 438 millones de toneladas. La demanda es constante, se baten records de consumo, según las asociaciones de empresarios del sector. Y cuando no se cubren las necesidades, los promotores de la construcción tienen que traer materia prima de las provincias limítrofes.
En la provincia sólo hay tres explotaciones en activo, aunque el territorio alavés está trufado de decenas de pequeñas canteras abandonadas que han dejado su huella y su cicatriz sobre el paisaje. La Diputación ha ejecutado desde 1991 la restauración de, al menos, siete grandes canteras. Entre ellas las de Apodaka, Bitoriano, el Gorbea, Eguino, Arenaza y las dos de Landa. También se regeneraron varias en Nanclares y en Lukiano. Actualmente, se lleva a cabo la de Vitórica en Llodio y la más grande de todas estas regeneraciones ambientales, la del Torco, en Nanclares de la Oca, un modelo que copian otras provincias porque se utilizan excedentes inocuos de la construcción.
Restauración
Una de las grandes diferencias entre las explotaciones antiguas y las actuales es la obligación de restaurar. Tanto la de Laminoria como la de Navarra Pequeña han recuperado sectores ya explotados. En la primera de ellas el gasto ha sido mayor de 2 millones de euros. Desde 1984 la ley obliga a revegetar y recuperar todos los espacios afectados. Al dar los permisos se pide un aval. Si la compañía extractiva no cumple, ese dinero se usa para la restauración.
El gran impacto que producen en el medio natural ha hecho que en la práctica no se hayan autorizado permisos para nuevas canteras o minas. Está aún reciente, la mina de calcita de Ilarduia, rechazada por la población de la zona y la de ofitas de Viloria, que cayó por su impacto en el delicado sistema hídrico del Lago de Caicedo-Arreo y en Salinas de Añana. «Ni aquí ni en Europa se autorizan nuevas, aunque hay peticiones. Se produce una reacción como el que provoca una incineradora, un vertedero o los cementerios nucleares. Son imprescindibles, pero nadie los quiere cerca de su casa», asegura un portavoz del Departamento de Industria.
El Ejecutivo autónomo elabora en la actualidad un plan sectorial en el que se ha optado por las extracciones subterráneas y por ampliar las canteras existentes en la actualidad.