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Martes, 18 de abril de 2006
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POLÍTICA
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OPINION/Las cartas navarras
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Le supongo enterado, mi señor Zapatero, de que algunos empresarios navarros han recibido cartas de ETA en las que se les reclama el llamado 'impuesto revolucionario'. Escribió Hannah Arendt en su 'Viaje a Alemania', que una de las cosas que más le habían sorprendido cuando volvió a su país de origen desde su exilio americano es que muchos de sus compatriotas trataban los hechos como si fueran opiniones.

Es inevitable recordarlo cuando uno se entera de que el ministerio del Interior está investigando si las cartas «son o no legítimas» ('El País', 14 de abril de 2006), de que el portavoz socialista en el Parlamento vasco dudase de la autenticidad de las cartas: «todavía no está demostrado, porque se habla de dos tipos de misivas con lenguajes distintos», mientras piensa que el PP aplaude las cartas, «esperando que todo salga mal».

Incluso los empresarios del PP que reciben la misiva deben de alegrarse, en opinión de Pastor, todo con tal de joder el proceso de paz. El secretario de Organización de su partido, José Blanco, decía el sábado santo que el alto el fuego de ETA «se está verificando como un anuncio sincero y una apuesta por la paz». Así las cosas, no se entiende bien por qué habría de ser largo el proceso, si antes de sentarse con ETA, los suyos ya han empezado a darle la razón.

Paralelamente, en la semana de pasión, Ekin explicaba el lunes que este proceso «no es de pacificación», sino para cambiar el marco; el martes aparecía el 'Zutabe' número 110 de ETA, con sus condiciones: la amnistía total para los presos, la expulsión del Ejército y las Fuerzas de Seguridad de Euskal Herria, la autodeterminación y la territorialidad, es decir, la anexión de Navarra e Iparralde.

El miércoles, Arnaldo Otegi anunciaba que él quiere verificar si los Gobiernos español y francés están dispuestos a aceptar la independencia de Euskal Herria y el Jueves Santo nos enterábamos de las cartas que reciben los empresarios navarros. El domingo de Pascua, día de Aberri Eguna, el lehendakari Ibarretxe expuso lo suyo: «La única constitución del pueblo vasco es la constitución formada por los derechos históricos del pueblo vasco que ampara y respeta los textos constitucionales».

Esto es un lío, presidente, en el que usted no va a poder echarse atrás, porque eso supondría dar la razón al partido de la oposición, y seguir adelante, va a llevar a que ustedes se agarren con más fuerza al clavo ardiendo de la buena voluntad de ETA. Si la cosa se tuerce, siempre podrán argumentar: «habrá sido sin querer» o bien «ellos no han sido». Todo esto ilumina con luz nueva la frase que constituye la piedra angular de su aparato conceptual, presidente: «La paz no tiene precio político». Puede querer decir que deseamos tanto la paz, -no como otros-, que cualquier precio que nos pidan por ella nos parecerá barato o bien, más sencillamente, que aún no se lo hemos puesto, pero estamos en ello.

s.gonzalez@diario-elcorreo.com



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