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Martes, 18 de abril de 2006
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SOCIEDAD
SOCIEDAD
La contaminación del nuevo siglo
El cuerpo humano se adapta con facilidad a los cambios del entorno, y es precisamente gracias a esa adaptabilidad como hemos conseguido evolucionar con éxito a lo largo de millones de años. Sin embargo, la irrupción de nuevos avances técnológicos se ha acelerado tremendamente en las últimas décadas, lo que nos ha obligado a adquirir unas pautas de comportamiento y habilidades para las que el cuerpo humano puede no estar siempre preparado.

Los ejemplos más típicos de problemas de salud física son los relacionados con el empleo de ordenadores, teléfonos móviles, sistemas de audición y videojuegos. Además de la fatiga visual y auditiva que producen, su uso también obliga a un trabajo excesivo por parte de algunas articulaciones y grupos musculotendinosos. Otros problemas relacionados son el sedentarismo y la falta de ejercicio físico, que ya desde niños producen patologías serias y llegan a tener una importante repercusión sobre el estado de salud en los adultos.

La informática ha revolucionado el modo de trabajar de muchas personas, al aparecer el ordenador como un elemento fundamental y muchas veces indispensable en su ámbito laboral. Los avances en la telefonía han revolucionado la comunicación entre personas, al dotarla de una gran libertad y facilidad de acceso, y ha influido incluso en los hábitos sociales. Sin embargo, las nuevas tecnologías han modificado otras muchas pautas de actuación diarias ya que han invadido el hogar además del lugar de trabajo. Los microondas y la televisión son algunos de los ejemplos más relevantes de la influencia de los electrodomésticos sobre nuestro modo de vivir.

¿El precio a pagar?

Así, hay cada vez una mayor presencia de radiaciones físicas en el ambiente, sobre todo debidas a la telefonía, pero sin olvidar a los pequeños electrodomésticos y, por supuesto, a la propia electricidad. Son manifestaciones físicas aparentemente imperceptibles y que no llegamos a notar. Pero otras sí afectan a los sentidos, especialmente a la vista y el oído. La cantidad de esos estímulos sensoriales que recibe una persona ha aumentado considerablemente. Todos esos cambios en el entorno, perceptibles claramente o no, han dado lugar a lo que algunos denominan como la 'contaminación del nuevo siglo'.

En principio, cuando se aplica un avance tecnológico y se consigue transformar en un bien de consumo, disponible para la mayor parte de las personas, previamente ha sido sometido a un control de seguridad para evitar cualquier efecto nocivo sobre la salud. Sin embargo, aunque se parte de esa seguridad, a la hora de la aplicación real, al convertirse en un producto de consumo -especialmente si se produce una difusión amplia en cuando a su utilización- los efectos con frecuencia van más allá de los inicialmente previstos. Por otro lado, esos efectos sobre la salud son vistos con frecuencia como un precio que se debe pagar a cambio del desarrollo de una vida moderna y las posibilidades y comodidades que ésta conlleva. Casi se los considera como un 'impuesto' que se presupone implícitamente necesario para el avance tecnológico.

Los efectos sobre la salud se pueden considerar desde un punto de vista físico, relacionado propiamente con aspectos orgánicos, o psicológico y social, en relación con las pautas de comportamiento y desarrollo.

Radiaciones

Aunque se presupone que no producen una gran influencia sobre la salud física, la cantidad de radiaciones físicas presentes en el ambiente ha llegado a generar dudas sobre la existencia real de esos efectos. Se ha advertido sobre las consecuencias para la salud de una gran cantidad de radiación electromagnética, relacionada sobre todo con fuentes de emisión intensas, más que con el uso de los aparatos que los reciben o generan en menor cantidad. Sus efectos no se llegan a traducir en síntomas claramente físicos, pero si en el estado de salud percibido de forma general por las personas que se ven expuestas a ellos.

Otras radiaciones percibidas por los órganos sensoriales, como son las emisiones de imágenes y sonidos, sí que pueden llegar a provocar síntomas claramente físicos. Los estímulos sonoros que se asocian al empleo de las nuevas tecnologías llegan a producir un impacto considerable sobre la salud de los oídos. Los sonidos estridentes agudos y graves, con una intensidad en decibelios muy por encima de la que se necesita para una percepción clara, llegan a provocar problemas de fatiga auditiva.

Estos problemas relacionados con la emisión de sonidos pueden ser considerados también desde el punto de vista de la contaminación sonora, tan presente en la vida moderna y que llega a producir irritabilidad, insomnio, etc. y derivar en problemas de salud orgánicos. El uso inadecuado de las nuevas tecnologías puede producir problemas físicos, como fatiga

visual y dolores de espalda, pero también de comportamiento social y aislacionismo



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