Las clínicas privadas de reproducción asistida premian la donación de ovocitos con una retribución económica que oscila entre los 700 y los 1.000 euros. La cantidad fijada no se concede en concepto de pago, que está prohibido por la ley, sino como una compensación económica que pretende reparar las molestias causadas a la donante: las salidas del trabajo, la pérdida de tiempo, las consecuencias del tratamiento...
La filosofía que impregna la entrega de estas cantidades no impide, sin embargo, que los hospitales públicos, que no pueden recurrir a esta práctica, se vean en situación de desventaja frente a la competencia privada. A menudo, tienen que recurrir al uso de óvulos sobrantes de ciclos de fecundación in vitro o a premiar con un recorte en la lista de espera a las mujeres que aporten una donante.
En algunos países, como Estados Unidos, el asunto ha llegado a desmadrarse. Anuncios por palabras en la prensa local prometen a las posibles donantes pagos de hasta 5.000 dólares (más de 4.100 euros) por una aportación de gametos femeninos. La cifra crece hasta los 10.000 dólares (unos 8.200 euros) si se trata de una mujer con características físicas o intelectuales especiales. Y se multiplica por tres, cuatro, cinco y seis si además se trata de una chica atlética, rubia, alta, de ojos azules o verdes...
Esther y Naiara recibieron más de 900 euros por su donación. Las clínicas, por regla general, no someten a la misma mujer a dos procesos de estimulación ovárica para proteger los ovarios. Las dos jóvenes bilbaínas aseguran que en su decisión de convertirse en donantes no primaron los motivos económicos. «Tengo una amiga que quería tener hijos y no pudo. Vino a la clínica y le diagnosticaron una infección, que tenía desde hacía tiempo. Me lo contó y decidí hacerme donante», explica Naiara.