La vista humana está preparada para controlar un campo visual natural, amplio y extenso, pero, cuando se emplea para enfocar continuamente sobre una determinada fuente de luz, como la pantalla del ordenador o la televisión, pueden surgir problemas de visión.
Pero además de éstos pueden aparecer otros a nivel psíquico, como se advierte en los trastornos de conducta relacionados con el empleo de móviles o juegos. Puede llegar a producirse una pérdida de control sobre el aparato de tal forma que el dominado pasa a ser el humano. Se descubren problemas de conducta en niños y jóvenes con una atrofia de su faceta social, además de un enfoque obsesivo hacia ese producto de consumo. La compulsividad en el empleo de estos avances genera el abandono de otros aspectos relacionados con el desarrollo como persona y llegan a darse comportamientos verdaderamente patológicos en relación con el uso de la violencia o la dependencia de actividades lúdicas.
Debemos ser conscientes de que los avances tecnológicos pueden hacer la vida más cómoda, pero no han de llegar a ser un aspecto determinante en la vida y en el desarrollo personal. Por eso, la primera norma es seguir un uso racional y moderado de esos avances.
Habrá que distinguir entre las aplicaciones laborales o sociales y las lúdicas. Se debe evitar en cualquier caso un empleo compulsivo, sin orden. Hemos de controlar la utilización de esos medios. Es importante concretar unos objetivos y horarios de utilización, y, por supuesto, un fin determinado. Los niños y las personas con un poder de autocontrol muy bajo necesitarán nuestra ayuda.