El alcalde, Alfonso Alonso, se comprometió hace tres meses a presentar «el 19 de abril un contrato de compra» del Palacio de Escoriaza Esquível o a mostrar ante el resto de corporativos «el inicio del expediente de expropiación» del deteriorado edificio. El plazo vence hoy y fuentes populares admitían ayer que el Gabinete Alonso está más cerca de los segundo que de lo primero, pero eludieron desvelar con claridad la ficha que moverá el regidor, si es que mueve alguna.
Tras un acuerdo unánime de la Corporación, Alonso asumió de forma veloz la responsabilidad de negociar con los propietarios del palacio renacentista del Casco Viejo. El inmueble, de gran valor histórico, presenta «lesiones irreversibles» y estados de «ruina física» en algunos de sus elementos, motivo por el que el PNV planteó con éxito en aquella sesión plenaria de enero su transmisión al patrimonio municipal.
Alonso inició las reuniones con algunos representantes de los dueños, pero se encontró con una maraña de propietarios legales que dificulta cualquiera de las operaciones, tanto la compra como la expropiación. Y es que el palacio corresponde a cerca de 300 personas, herederas del palacio por la rama de Domingo Ambrosio de Aguirre, el sacerdote que en el siglo XIX fundó la Fundación en la que recae la propiedad.