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Miércoles, 19 de abril de 2006
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Los visitantes
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El fascinante asunto de la ocupación hotelera, el auge repentino de las visitas turísticas después de tiempos de sequía y la prudente euforia que acompaña a todos estos desahogos es fascinante. En esta ciudad, sin ir más lejos, una vez aparcados de momento los muy graves problemas disuasorios que han venido ahuyentando a los visitantes desde hace demasiado tiempo, parece que asistimos a un regreso masivo de los hijos pródigos, si se me permite la expresión.

Con los altibajos más o menos previsibles, durante esta Semana Santa la ocupación hotelera ha alcanzado porcentajes muy interesantes aunque sea una temeridad alzar las campanas al vuelo. Lo cierto es que las cifras son sumamente esperanzadoras incluso teniendo en cuenta las cautelas: parece que los visitantes vuelven a vernos, a llenar los hoteles, a desmentir que este es un páramo inhóspito y a demostrar que el cese de la violencia, que todos deseamos eterno, es un factor decisivo a la hora de convocar amables foráneos. Cuánto tiempo perdido, si se me permite decirlo.

Las perspectivas son buenas e incluso muy buenas. Lo que pasa es que da la sensación de que no acabamos de creérnoslas.La oferta parece excelente, la paz es adictiva, los visitantes están muy contentos salvo detalles menores y un porcentaje del 90% de ocupación hotelera es una cifra espléndida. Pero insisto en la cuestión del tiempo perdido, del daño hecho , de lo que pudo haber sido y no fue. No me consideren pesimista: todo lo contrario. La contenida euforia (todos somos gatos escaldados) nos ha enseñado a ser suspicaces, aunque sea esperanzados suspicaces. Yo creo que esto por fin va a ir bien, y que volverán a visitarnos los turistas. No me llamen ingenuo. c.p.uralde@diario-elcorreo.com



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