El viceconsejero de Inserción Social y Familia, Manuel Vigo, es partidario de financiar las prestaciones que se incluyan en la nueva ley de servicios sociales mediante un aumento de la presión fiscal. Bueno, pues yo opino que sea él quien pague más impuestos porque, estoy segura, que a él no le cuesta tanto trabajo como a mí ganarme el sueldo. Como estoy soltera no desgravo por nada, así que sólo me toca apechar. Por ello, cada vez que oigo a los políticos hablar de incrementar la presión fiscal, me pongo mala. Que eliminen gastos superfluos, como los teléfonos que usan y los coches que les llevan y traen del ¿trabajo? (yo me pago mi teléfono y mi coche); que prescindan de viajes, cursos, jornadas; de subvenciones indiscriminadas para todo tipo de grupos y grupillos, actos y actillos con los que tratan de ganar adeptos. Que destinen personal a controlar si los destinatarios de las múltiples ayudas sociales que reparten todas las administraciones (a mar revuelto, ganancia de pescadores) lo necesitan de verdad; que pongan a la gente joven y sana que vive de las prestaciones sociales a trabajar en favor de la comunidad. Cuando todo esto ocurra, podemos empezar a hablar de que los de siempre, los que cada día vamos a trabajar, paguemos más impuestos.