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Miércoles, 19 de abril de 2006
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Bilbao Basket
La réplica diluida del espíritu del BEC
El Lagun Aro rebusca en su interior las señas de identidad del 'matagigantes' para visitar hoy al TAU
La réplica diluida del espíritu del BEC
TENSIÓN. El Lagun Aro debe recobrar su entrega total para tener opciones en Vitoria. / EL CORREO
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La fiesta deja paso a la necesidad. Hace tres meses todo estaba a punto para que el derbi vasco de la ACB destilara espectáculo. Un récord a batir, la posibilidad de estrenar para el baloncesto el mayor recinto del país, el pez chico que espera dar dentelladas al grande que llega como líder... casi nada que perder y muchísimo que ganar. Se quedó en el Bizkaia Arena no sólo la victoria en una jornada mágica, inimaginable, irrepetible. En la joya del BEC nació el impulso definitivo que necesitaba el proyecto rojillo, una convocatoria social que acabó de convencer a las instituciones para darle al pueblo lo que quería y a la ciudad lo que necesitaba: un nuevo recinto deportivo en el 'botxo'.

Tan cercano en el tiempo y tan lejano en las mentes. No es el actual Lagun Aro el conjunto motivado, armado, convencido de podar acabar con cualquiera. O si lo es, lo disimula de maravilla. Ante los grandes como el TAU, nada que objetar. En la otra Liga, en la que realmente se juega los cuartos, tendencia a la depresión. No es cuestión de alarmar innecesariamente. Sigue habiendo cinco equipos -según la clasificación- que lo tienen peor y el de los vizcaínos no es, en absoluto, el peor calendario. Desde el cuerpo técnico se pide unidad, un cierre de filas que abarque las seis jornadas que restan por disputarse, las que deben llevar a los de La Casilla a ratificar su condición de escuadra de ACB.

Las tres últimas derrotas -Menorca, Etosa y Fuenlabrada- han movido los cimientos rojillos. Por inesperadas al plasmarse tras algunas de las más bellas gestas del equipo. Nadie conoce a nadie o cualquiera gana a cualquiera. Es lo mismo cómo se venda la idea. Escuece perder con un colista o un rival que ha perdido el ritmo y se rezaga. Tanto como gozo propicia noquear a un líder. Es algo tan entendible como asumible por unos profesionales que no acaban de explicarse a sí mismos el motivo que les conduce a travestirse, a transformarse sobre el parqué sin la incidencia de agentes externos. De ganar hoy en Vitoria, merecerían el abrazo más fraternal. Y quizá un pescozón imposible de retener por tanta ilógica acumulada y no digerida.

Manjar apetecible

El espíritu del BEC da paso hoy a su versión más diluida. Partido entre semana, con el peligro comenzando a acechar, tras caer el TAU en una cancha que no se le había resistido en el último lustro, con ganas jugadores y técnicos de hacer feliz a su patrón. Durante un par de horas, el ambiente baskonista se olvidará de la Final Four. Ignorará Praga para focalizar su hambre en el Buesa Arena, ante el vecino, sin duda un apetitoso manjar. Sólo de pensarlo, cualquiera se arrugaría.

Pero es lo único que no puede permitirse el Lagun Aro. No debe amilanarse ante uno de los cuatro mejores equipos de Europa, al que ya ha ganado en dos ocasiones este curso. Debe recordar lo vivido un año atrás, cuando pendía sobre su cabeza el recuerdo de su cercenado debut en la ACB, aquel impresionante varapalo recibido en La Casilla. La victoria también era vital y sólo se escapó por dos puntos, un par de detalles, no porque se impusiera la calidad de los entonces discípulos de Ivanovic.

El TAU se las verá hoy con un oponente que, más que nunca, ha posado en el cartel de la velada con la piel de cordero. Una argucia válida siempre que no cale muy profundo y se percate el Lagun Aro de la trama antes del salto inicial. ¿O no estaba todo el mundo de acuerdo en que cualquiera puede ganar a cualquiera? Pues eso mismo.



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