Con pena y con gloria
 Montserrat Lluis
Si echas un vistazo a tu alrededor, seguro que encuentras algún payaso vestido de paisano. Pero entre los de verdad, los que calzan zapatones y narizota colorada, te será difícil dar con uno sin la sonrisa perenne en la boca. Vaya, tan raro es como escuchar una carcajada en un sepelio. Lo pensé el otro día en un funeral. A las señoras que pierden a sus maridos, la sociedad no sólo les suele negar una pensión digna. Les priva, además, de su derecho a sonreír. Que a una la llamen viuda alegre no es el estadio previo a la santidad; si acaso, un sambenito
Y sin embargo, cuentan los Escobar, la familia protagonista de La aventura del mes, que, en el pueblo francés donde viven, los parientes de los fallecidos «invitan a los asistentes al funeral a tomar café, y buenas juergas montan». Una forma de olvidar las penas, que no a los fallecidos, cuyo recuerdo seguirá vivo. También para recordarlos, cada día reservamos en enlaCe un espacio a los obituarios que vosotros mismos enviáis. Ojalá la ley de vida tarde mucho en aplicarse a vuestro alrededor. Pero, cuando lo haga, sabed que aquí podréis decirle, con pena y con gloria, hasta luego.
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