Los nacionalismos, de todas las latitudes geográficas y de cualquier longitud ideológica, acostumbran a exacerbar el hecho diferencial, a fin de poder justificar el tratamiento peculiar. Esa práctica tan habitual tiene una evidente rentabilidad política y eso es algo que vemos cada día en nuestro entorno. Lo que ya no está tan claro es que sea una práctica económica con efectos inocuos.
Aplicado al caso de España, siempre he pensado que el verdadero beneficiario de la disputa territorial existente , de la permanente tensión con 'Madrid' es, precisamente Madrid. Y es que esa comunidad va como una moto. Aclaro que la opinión no esta basada en ningún estudio sesudo, sino en la mera observación diaria. Pero hoy se publica un dato estadístico que avala esta impresión. Tal y como asegura el Instituto Nacional de Estadística, Madrid crece mucho más que Cataluña, algo que se aprecia muy bien a través del parabrisas del coche cuando se cruzan ambas ciudades y se circula por sus alrededores.
Mis amigos nacionalistas me dirán que el dato referido al País Vasco contradice esta impresión, ya que crecemos a ritmo elevado y mantenemos excelentes posiciones en lo que respecta a la evolución de la renta personal. Es cierto, pero hay que recordar que los datos 'per cápita' se benefician entre nosotros del indiscutible hecho de que nuestra población no crece. Una circunstancia que, lejos de ser beneficiosa, es altamente perjudicial para el futuro.
Los afanes por mantener las diferencias acaban, casi siempre, convertidos en barreras a la libre circulación de las personas y también de las mercancías y en obstáculos para el establecimiento de las empresas. Los políticos no temen a los costes extras que provocan sus decisiones, pero las empresas toman las suyas calculándolos con suma precisión. Por eso se van donde menos costes hay.