Como parte de la forzada limpieza de primavera en curso dentro de las primeras filas de la Administración Bush -instigada en buena parte por el propio Partido Republicano que con el actual equipo y las políticas en práctica se teme lo peor ante los comicios legislativos de noviembre- ayer se confirmaron cambios adicionales en el organigrama de la Casa Blanca. Una estrategia de renovación acelerada con la toma de posesión este lunes del nuevo jefe de gabinete, Joshua Bolten, encargado de infundir nuevo vigor a un Gobierno envejecido prematuramente en buena parte por la situación en Irak.
Scott McClellan, el portavoz oficial del presidente Bush, confirmó su dimisión ayer después de que trascendiera la búsqueda de alternativas para uno de los puestos más difíciles y visibles de la Casa Blanca. Entre cuyas responsabilidades se encuentra a diario explicar y defender en televisión las decisiones tomadas en el Despacho Oval. McClellan estaba considerado como un secretario de Prensa de limitadas capacidades, especialmente en comparación con los más efectivos portavoces que se sucedieron durante la Administración Clinton.
Pese a haber indicado durante los últimos días su firme intención de permanecer como secretario de Prensa de la Casa Blanca, McClellan ha confirmado su salida al lado de George W. Bush, diciendo «lo he dado todo en este trabajo y a usted señor presidente, y lo voy a seguir dando todo durante este período de transición». A lo que su jefe respondió destacando que se trata de una decisión no forzada y alabando todo el trabajo realizado «con clase e integridad».
Scott McClellan asumió el puesto de portavoz de la Casa Blanca en junio de 2003, en sustitución de Ari Fleisher. Relevo que coincidió justo con el comienzo de todo el escándalo generado por el caso de la espía delatada y las vehementes afirmaciones de McClellan desmintiendo que ningún alto cargo de la Casa Blanca estaba implicado en filtrar la identidad de Valerie Plame como parte de una 'vendetta' política sobre la polémica de armas de destrucción masiva en Irak.
Las especulaciones sobre sucesores para el decisivo puesto de portavoz se han centrado inicialmente en Tony Snow, comentarista de la cadena Fox News y con experiencia en la Casa Blanca como escritor de discursos para Bush padre. En la lista de nombres barajados también figuran Rob Nichols, ex portavoz del Departamento de Tesoro; Victoria Clarke, ex portavoz del Departamento de Defensa; y Dan Senor, portavoz en Bagdad de la Autoridad Provisional de la Coalición, la entidad dirigida por Paul Bremer durante el comienzo de la posguerra de Irak.
Reconocimiento
De todas las decisiones de personal adoptadas por la Casa Blanca, el más explicito reconocimiento de los graves problemas políticos que tiene la Administración Bush ha sido el anuncio realizado ayer de que Karl Rove, legendario gurú electoral de George Bush, va a dejar sus actuales atribuciones como coordinador de cuestiones de política doméstica. Aunque por el momento mantendrá su puesto formal como subjefe de gabinete de la Casa Blanca.
El llamativo y comentado recorte de responsabilidades de Rove, todavía bajo investigación en el laberíntico caso de la espía delatada, ha sido justificado para que pueda concentrarse en la organización de una efectiva campaña de cara a los comicios parlamentarios previstos en cuestión de siete meses. Cita electoral donde los republicanos anticipan un significativo varapalo en forma de voto de castigo contra la Administración Bush, que pondría seriamente en peligro las actuales mayorías conservadoras en ambas Cámaras del Congreso.
Karl Rove, apodado popularmente como el 'cerebro de Bush', ha acompañado al presidente desde sus primeras incursiones en la fascinante y peculiar política de Texas. Con una sucesión de éxitos que culminaron en la reelección de George Bush para un segundo mandato en la Casa Blanca. Triunfo atribuido al 'arquitecto' Rove que ahora contrasta con los peores índices de aprobación a la gestión del presidente desde su toma de posesión a principios de 2001.
A partir de ahora, el vacante papel de coordinador de política doméstica será asumido por Joel Kaplan, subdirector presupuestario de la Administración Bush. Nombramiento que confirma el ímpetu con que ha entrado el nuevo jefe de gabinete Joshua Bolten, ex director presupuestario de la Casa Blanca. Tras asumir el lunes pasado oficialmente su posición equivalente a ministro de la Presidencia, Bolten confirmó sus intenciones de «reavivar» la Casa Blanca haciendo un llamamiento para que todos los altos cargos interesados en dejar sus puestos durante este año, lo hagan inmediatamente.
Presiones
Con todo, pese a las presiones de su propio partido para traer caras nuevas al equipo de gobierno, Bush está optando por seguir ascendiendo y confiando en su círculo más estrecho de colaboradores. Según el presidente, «mis instrucciones a mi nuevo jefe de gabinete es que diseñe una estructura de la Casa Blanca que funcione y, por supuesto, que me plantee diferentes recomendaciones sobre quién debe estar aquí y quién no debe estar aquí».
En algún momento, se espera que toda esta renovación en la cúpula del Gobierno de Estados Unidos se extienda hasta el nivel de carteras ministeriales. Tras el empeño demostrado por Bush en defender a su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, pese a las peticiones de dimisión formuladas por varios generales jubilados, las especulaciones sobre cambios en el Gabinete se centran en el secretario de Tesoro, John Snow.