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Jueves, 20 de abril de 2006
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OPINIÓN/Muertos vivientes
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La jubilación política es como un estado de gracia al que todo el mundo renuncia. Sólo después de verse en la calle los 'ex' suelen considerarse liberados del peso de la responsabilidad y vuelven la mirada hacia su mujer e hijos. Bush se dedica últimamente a hacer estos 'favores' a sus colaboradores más cercanos. Primero fue su jefe de gabinete y la ahora le ha llegado el turno a McClellan, un tipo campechano de fácil sonrisa, responsable de la imagen de la Casa Blanca en su calidad de portavoz. El hombre de confianza, que la pierde.

El presidente estadounidense está tirando los tabiques flotantes de su Casa y conservando las vigas maestras. Algunas de ellas como Cheney las ha forrado para que pasen desapercibidas o sencillamente desaparezcan. La última hazaña de esta 'viga' fue pegar unos tiros a su mejor amigo en una cacería, para dejar constancia del instinto irrefrenable de maldad de los muertos vivientes.

Hay una contumacia en el error que lleva a los actuales patrocinadores de la política americana a perseverar en el error. No hay miedo, aunque en ocasiones el pueblo manifieste una leve náusea menstrual como sucede ahora con Bush, quien procura mantener enjaulados a sus cocodrilos. Es el caso de Rumsfeld, cuya obcecación es tan admirable como su tenacidad. La ferocidad de sus delirios en Irak le ha transformado como la canción de gavilán en paloma, y ahora se permite hablar de la incomprensión de su sentido revolucionario, izándose inmortal una y otra vez sobre la frustración iraquí y saliendo de aquella tumba.

El armario norteramericano, según las encuestas, está lleno de cadáveres. Es un mundo fantasmagórico que los ciudadanos prefieren olvidar. Por eso cambian de vez en cuando los rostros que salen en los periódicos, mientras a los muertos ilustres, como Cheney, se les conserva en el dormitorio, ocultos, como la madre de Norman Bates, el loco asesino de 'Psicosis', porque asustan a los niños. Se han quedado en encarnadura, en puros huesos, desamparados de la opinión pública. Sólo Bush sabe que sus esqueletos permanecen allí arriba, frente al espejo, y los visita de vez en cuando.

Genios y figuras hasta la sepultura: los Berlusconi en Italia, Al-Yafari en Irak y otros, son un tapón en el culo del elefante. Librado el obstáculo que induce a la continencia en el paquidermo, la sociedad descubre de pronto que está cubierta de mierda. Algunos, como 'Il Cavaliere', han vendido cara su degradación y se han hecho una tras otra operaciones plásticas. Hasta que, perdida la guerra de la inmortalidad deciden trasladar su domicilio a Suiza para estar más cerca de sus ahorrillos. La jubilación de Rumsfeld será, sin duda, más injusta. Conminado infelizmente a jugar a la guerra sólo con sus nietos en los bosquecillos de Washington, cuando tanto merece el esfuerzo de su conquista. Quién sabe si una dacha a las afueras de Bagdad.

Con los cambios, Bush se está quitando las patas de gallo. Pero los rasgos de la edad siempre se revelan en cuello y en las manos. Y el cadáver la madre de Norman sólo tenía un buen ver de espaldas. Visto de frente, recuerden, resultaba terrorífico.

j.l.penalva@diario-elcorreo.com



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