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Jueves, 20 de abril de 2006
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El Papa pide ayuda para ser «un pastor dócil y firme» al cumplir un año de pontificado
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Joseph Ratzinger cumplió ayer un año exacto desde que fue elegido Papa y comenzó a llamarse Benedicto XVI. Fue el 19 de abril de 2005, un día del que, según confesó ayer, recuerda «con emoción el primer impacto desde el pórtico central de la basílica al ver a los fieles reunidos en esta misma plaza». Como entonces, unas 60.000 personas llenaban ayer la plaza de San Pedro para asistir a la tradicional audiencia pública de los miércoles, que en esta ocasión era especial porque coincidía con el aniversario del primer año de su pontificado. «Me ha quedado impreso en la mente y en el corazón aquel encuentro», reconoció el Papa.

Tras exclamar «¿Qué rapido pasa el tiempo!», Benedicto XVI se refirió a su «pobre elección» como un acontecimiento que le pareció «absolutamente inesperado y sorprendente». Al relatar sus sensaciones en aquel momento, cuando se asomó a la multitud que aguardaba la aparición del nuevo papa, Ratzinger volvió a reafirmar las primeras palabras que dijo en la ceremonia de inicio de pontificado: «Siento viva la conciencia de que no debo llevar yo solo lo que en realidad no podría nunca llevar solo».

Según explicó, a lo largo de este año ha experimentado en muchas ocasiones, en sus encuentros con la gente y la jerarquía de la Iglesia, lo acertado de aquella primera intuición de «una gran comunión. «Cada vez siento más que nunca podría cumplir solo esta misión», concluyó. Con todo, al final de su intervención aludió ya expresamente a su papel concreto al frente de la Iglesia y lo definió de forma precisa. Tras agradecer el apoyo y la indulgencia de todos, pidió a los fieles que recen por él para que logre ser «un pastor dócil y firme».

Contento y relajado

Durante el breve discurso, en el que Benedicto XVI parecía muy contento y relajado, el ambiente fue festivo y la multitud aplaudió en varios momentos y jaleó consignas. Entre los numerosos grupos llegados del extranjero había fieles de Bosnia, Croacia, Ucrania, Alemania, Francia, Polonia, muchos de Estados Unidos y de puntos más lejanos como Australia. Como siempre, hubo una nutrida representación de Latinoamérica y España, a quienes el Papa dirigió un saludo en castellano.



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