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Viernes, 21 de abril de 2006
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ÁLAVA
La Vitoria que no volverá
Víctor Fernández repasa desde la trastienda de Victofer las cinco décadas que estuvo al frente de su ultramarinos en la calle Cuchillería
La Vitoria que no volverá
VÍCTOR sonríe con género de su tienda. / IOSU ONANDIA
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EL PERSONAJE

EL PERSONAJE
Lugar de nacimiento: Cárcar (Navarra)

Residencia: en Vitoria desde que tenía nueve meses.

Edad: 72 años.

Profesión: comerciante jubilado.

Peculiaridad: dueño del ultramarinos Victofer, uno de los más veteranos de Vitoria.

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Víctor Fernández Amatriain siente nostalgia de aquella época en la que comerciantes y clientas se contaban las vidas a diario. Entonces se bajaba cada mañana al ultramarinos y la familiaridad era tal que Victofer, como le llama la gente por el nombre de su tienda en la Cuchi, se quedaba con los hijos de esas mujeres mientras iban a más recados. «Yo siempre he tenido un cariño y un respeto por el que me daba de comer», cuenta en el txoko que ha habilitado para charlar -le encanta- con los amigos y compartir un vinito de Yécora.

Tiene 72 años y se jubiló con la edad oficial después de 47 tras el mostrador del ultramarinos que fundó la señora María Arróyabe en 1922. «En alimentación creo que somos el comercio más antiguo de Vitoria». Victofer se ha distinguido siempre por la conserva esmerada y la calidad. Empezó con los pimientos, los puerros y los espárragos y hoy sus hijos venden veintidós variedades. «La gente viene por la calidad del producto. Mi madre me decía 'Víctor, compra lo mejor, que lo mejor siempre se vende».

El patriarca lleva con «orgullo y satisfacción» el prestigio que le han deparado cinco décadas al frente del negocio. Se jacta de ser «el Mercedes de la conserva». Y todo a partir del ánimo que le infundió «Balaguer, el de la Cámara de Comercio». «Empecé haciendo conservas para regalarle al médico, al abogado... Entonces Balaguer las probó y me dijo 'esto hay que comercializarlo'. Y lo hice con la etiqueta de Victofer».

A Víctor le apenan la cascada de cierres de establecimientos con solera y los cambios de las costumbres, que han enfriado enormemente aquellas relaciones fraternales en la Vitoria de los 50.000 habitantes entre tenderos y compradoras. «La gente ahora es más 'descariñada'. Creo que no se acuerda de cuando la tienda era la caja de ahorros de los clientes porque se fiaba. Eso sí, salvo rarísimas excepciones, siempre acababan pagando porque cumplir con la tienda era primordial».

Clamor por el Casco Viejo

Resulta inevitable preguntarle por la competencia feroz que el comercio tradicional ha encontrado en las grandes superficies, un asunto que en su caso liga a la situación del Casco Viejo. Víctor cree que el futuro de las tiendas de toda la vida pasa por la especialización y el buen género. «Nuestras armas son el cariño y la atención personal, decirle al cliente cuánto se cocina cada cosa. Manteniendo la calidad y el prestigio tenemos vida».

Eso piensa, a pesar de las distintas condiciones en las que trabajan grandes superficies y tiendas al por menor. «La gente busca la comodidad y todas las grandes cadenas se hacen con aparcamientos que te permiten dejar el coche en la puerta. En cambio aquí nos los han reducido. Hace falta un párking para los vecinos, para los clientes y para que los comerciantes podamos descargar».

Todo esto le da pie para clamar por un viraje profundo en el centro medieval. «Faltan servicios. ¿Dónde has visto un cajero o un banco por aquí», dice a la entrada de la Cuchillería. «Y no hay guarderías y zonas verdes». Victofer aún considera a la parte antigua como «el corazón de Vitoria» y apuesta por cambios estructurales. «Hay que hacer casas en condiciones, para rentas bajas pero también de alto 'standing' para que esta zona no se convierta en un gueto». El día que vea placas de abogados o arquitectos junto a las puertas de las lonjas adivinará un futuro para la almendra.

A su juicio, el Ayuntamiento debe abandonar ciertas restricciones que ha ido imponiendo en el Casco Viejo. «Lo único que ha hecho hasta ahora es cortar el paso y que caiga quien caiga». Y espera que los ciudadanos analicen el goteo constante de clausuras en establecimientos centenarios. «La gente dice 'qué pena', si ha cerrado fulanito'. ¿Qué ha cerrado? No, el comerciante nunca quiere cerrar. La has cerrado tú porque no has entrado a comprar». La charla termina y Víctor no ha probado el chorizo que mandó sacar. Sólo dos culines de vaso para degustar el Yécora.



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