Se sabía que la etapa de Calahorra no iba a decidir, ni mucho menos, la Vuelta. Pero también estaba claro que se trataba de una jornada en la que había que estar atentos para no perder la Vuelta y eso exigía estar atentos a todos los movimientos que se produjesen, que han sido ciertamente muchos.
El viento que ha soplado de forma lateral en seis tramos de no menos de 7 kilómetros y de hasta 25, convertía esta etapa en un terreno propicio para los cortes, los abanicos, y eso ha determinado el desenlace.
Porque ha habido momentos en los que se han formado grupos, debido a la estrechez de la carretera, pero todos han sido capaces después de reagruparse, rodando a una media superior a los 45 kilómetros por hora. Se ha volado y eso, ciertamente, ha producido un desgaste mucho mayor del que los candidatos al triunfo en la general querían realizar de cara a la etapa de hoy, la ascensión a la Cruz de la Demanda que va a decidir, sin duda alguna, la general, aunque con la obligación de trabajar el domingo por parte del equipo que asuma el liderato en un cierre duro.
Todos han estado atentos, a pesar de que la etapa ha resultado exigente, nerviosa, movida. Nadie se ha quedado descolgado, a pesar del trabajo que Kaiku ha realizado -en cierto modo para no verse sorprendido tomando la iniciativa y moviendo los hilos; en cierto modo tratando de pillar descolocado a algún rival- y al final la victoria parcial se ha decidido en un sprint amplio.
Todos llegan hoy más maduros de lo que esperaban.