El Correo Digital
Sábado, 22 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
EDITORIAL
Ruta Ibarretxe
El lehendakari Ibarretxe volvió ayer a reivindicar para sí el liderazgo político en la etapa que se abre con el alto el fuego de ETA, incurriendo en los mismos errores y en el escoramiento soberanista que condujo su plan al fracaso. En cualquier sistema democrático, la primera figura institucional tiene el cometido de dirigir el rumbo político del país de que se trate. Pero tal atribución depende siempre de cómo se ejerza realmente. Según sus palabras, Juan José Ibarretxe se empeña en propiciar el diálogo entre partidos para que éstos alcancen el más amplio acuerdo. Sin embargo, tanto su trayectoria anterior como el avance de sus intenciones lo invalidan prácticamente como bruñidor del entendimiento que requiere Euskadi. No hay más que constatar la posición política que hoy ocupa a medio camino entre el discurso oficial de su propio partido y los postulados de la izquierda abertzale.

Es inadmisible que alguien pretenda superar el actual marco constitucional y estatutario desbordando previamente las cláusulas de reforma que el mismo contiene y modificando las reglas legales por otras sustentadas en una concepción plebiscitaria de la democracia. Pero lo que ya resulta descabellado es que quien eso pretenda se erija en anfitrión del encuentro entre formaciones que mantienen tan profundas diferencias. En la anterior legislatura el lehendakari quiso convertir la tenacidad en estrategia para doblegar la oposición o la paciencia de quienes se mostraban contrarios o críticos a su plan. El revés electoral sufrido hace ahora dos años fue suficientemente elocuente como para que Ibarretxe hubiese rectificado su impasible conducta y comenzara a atender a quienes discrepan de su postura. Sin embargo, el hecho de que reste trascendencia a la negativa del PP a participar en su ceremonial y de que tampoco escuche la voz de los socialistas vascos, cuestionando abiertamente que el lehendakari tenga papel estelar alguno en la obra, refleja hasta qué punto Ibarretxe ha hallado en el alto el fuego de ETA el aliento que precisaba para recuperar el ánimo en su empeño soberanista.

El lehendakari anunció ayer una nueva ronda de conversaciones con los partidos de carácter «discreto», preparatoria de una «mesa, foro o como se quiera llamar», que él se considera autorizado a convocar una vez el presidente del Gobierno someta la verificación del alto el fuego a la consideración del Congreso. También en este punto Ibarretxe se excede en impaciencia. Puesto que el citado trámite parlamentario habilitaría en todo caso al presidente Rodríguez Zapatero a establecer una línea de diálogo formalizado «con quienes decidan renunciar a la violencia». Pero mientras el lehendakari persiga la convocatoria de una consulta popular como colofón alegal del proceso y la izquierda abertzale continúe refiriéndose a la mesa de partidos como un foro que incluya a organizaciones navarras y vasco-francesas, ni la verificación positiva del alto el fuego ni la propia disolución de ETA servirán para el logro de un acuerdo de alcance. Ni siquiera para la constitución de una mesa de partidos.



Vocento