Quien haya visitado Roma en los últimos siete años se habrá quedado sin ver uno de sus monumentos fundamentales, el Ara Pacis de Augusto, uno de los símbolos mejor conservados del imperio y estudiado en las escuelas. Es el altar en forma de gran cubo de mármol, rodeado de famosos relieves, que el emperador construyó para conmemorar su victoria en España. Su historia ha sido traumática y aún hoy lo es. El último episodio comenzó en 1998, cuando se cerró para demoler el edificio de estilo fascista de los años 30 que lo albergaba y construir otro, encargado al prestigioso arquitecto norteamericano Richard Meier, pero la ejecución del proyecto ha sido como el rosario de la aurora. La idea de rodear el Ara Pacis con un moderno edificio de cristal, que lo proteja pero deje pasar la luz, no ha gustado a todo el mundo.
La nueva construcción es, en realidad, el primer edificio que se levanta en el intocable centro de Roma desde los años 40. Nadie ha movido una piedra desde entonces y las escasas edificaciones contemporáneas, como el auditorio de Renzo Piano, están en las afueras. «Roma está hecha a capas por la historia, y a mí me ha tocado colocar la primera del siglo XXI, una responsabilidad inmensa», reflexionó ayer Meier. Pero como toda obra de vanguardia en la eterna Roma, ha chocado con una resistencia feroz. El que ha sido secretario de Estado del ministerio de Bienes Culturales, el lenguaraz crítico de arte Vittorio Sgarbi, llegó a paralizar las obras un año y ha encabezado las protestas. En su opinión, la obra de Meier «es un retrete inmundo que sólo estaría bien como pizzería en las afueras».
Las obras siguen
Si a la polémica se le suma la parsimonia de cualquier obra en Italia, no es raro que la apertura se haya demorado. Aún así, se trata de uno de esos casos italianos tan graciosos de inauguración en falso, porque las obras no han terminado y el proyecto global de la zona llevará varios años más. Pero el alcalde, Walter Veltroni, del centro-izquierda, había prometido abrirlo para el aniversario de la fundación de Roma, que se celebró ayer, y el mes que viene hay elecciones municipales. Aunque alrededor siga todo patas arriba, desde ayer por fin se puede visitar. Es la segunda inauguración que se hace, pero la tercera será en septiembre, con la fuente y el auditorio que completan el entorno.
Pero las obras no se acaban ahí: el proyecto contempla soterrar el tráfico que pasa junto al Ara Pacis, para crear un espacio peatonal y reducir el impacto de la contaminación. Además del caos circulatorio que ocasionará, será nueva fuente de conflictos y hallazgos. El mes que viene también se adjudicará el proyecto de recuperación del mausoleo de Augusto, situado en un flanco y muy abandonado. Y comenzará la restauración del mismo Ara Pacis, así que uno de sus lados quedará cubierto de andamios. En resumen, aún no habrá paz para el altar de la paz.