Unos estiramientos en el salón de casa, una carrera en el parque o unos largos en la piscina, y todo ello supervisado por un profesional deportivo. El gimnasio a la carta es una modalidad que experimenta un cierto auge en Vitoria y ya son cada vez más los alaveses que se animan a contratar entrenadores personales con los que realizar un seguimiento particular y continuado de sus progresos deportivos.
La inmensa mayoría de los ciudadanos sigue optando por los cauces tradicionales a la hora de modelar la silueta. Pero son ya decenas quienes se decantan por la nueva alternativa, bien sea por motivos estéticos, para mejorar el estado de forma o para sanar más rápidamente sus lesiones con prácticas de rehabilitación.
«No es lo mismo ir al gimnasio a hacer unos ejercicios por tu cuenta, aunque puedas recurrir a algún instructor, que tener a una persona que esté pendiente de ti todo el tiempo», dice Javier Epelde, responsable de la firma XMX Fitness, que gestiona también el gimnasio del Estadio.
Quienes optan por esta nueva modalidad recurren por lo general a especialistas licenciados en Educación Física, que además poseen conocimientos de nutrición, rehabilitación e incluso psicológicos. «A veces, para tener resultados, hay que centrarse primero en estas cuestiones», aconseja Epelde. Esta personalización de la tabla de ejercicios garantiza un «resultado espectacular, rápido y efectivo», asegura.
Cómodo y flexible
Samuel Brogueras, director de un servicio de contratación de entrenadores personales a través de Internet, coincide con estas apreciaciones. Ambos reconocen que el lujo de contar con un entrenador personal, sin embargo, tiene un coste económico que hay que pagar. El precio de una hora de sesión oscila entre los 25 y los 45 euros, lo que equivale a la cuota de todo un mes en un gimnasio tradicional. Según sus impulsores, lo recomendable es realizar dos sesiones por semana. «Hay gente a la que no le importa pagar si obtiene beneficios», opina Epelde.
La alta inversión, en opinión de Brogueras, se amortiza. «Puede tener peores resultados alguien que va al gimnasio por su cuenta todos los días, y que lo hace mal, que otro que realiza dos sesiones de manera controlada».
Los requisitos, por lo demás, no son elevados. No es necesario contar con un equipo deportivo completo. «Con unas gomas, un balón gigante y una colchoneta se hacen virguerías», revela Epelde.
Otro aliciente, además de la comodidad y flexibilidad de horarios, lo constituye la intimidad. «Muchos prefieren no tener que compararse con otras personas», concluye Brogueras.
Cada vez más gimnasios vitorianos se animan a ofrecer este servicio a sus socios, abonando un plus a la mensualidad normal. El incremento, en el centro Atlas, ronda los 28 euros y en las instalaciones que la cadena Hydra posee en el Boulevard se sitúa en los 30 euros.
Entre su clientela, y contra lo que pudiera creerse, hay gente para todos los gustos. Desde amas de casa a ejecutivos, veinteañeros, octogenarios, hombres y mujeres. Clientes de toda clase y condición se animan a contratar los servicios de un entrenador personal.
Lo ven 'snob'
«La gente lo ve como algo 'snob', tiene la idea de las estrellas de cine americanas», dice Epelde. Según otro entrenador personal, José Guréndez, «todo depende del poder adquisitivo de cada uno», aunque cada vez son más los que se apuntan a esta oportunidad. «Vitoria es una ciudad pequeña y gente que antes ni se lo planteaba, ahora se anima», continúa. La mayoría lo hace porque padece alguna lesión o porque debe reducir peso por prescripción médica, asegura.
En cuanto a las preferencias, los hay que optan por contratar sesiones durante un par de meses y otros de manera continuada. «Cuando lo prueban, muchos se 'enganchan', buscan beneficios de salud, y los estéticos llegan juntos», indica Epelde.
Todos ellos muestran, según Brogueras, un nexo común. «Normalmente ya han probado a hacer ejercicio, incluso se han comprado aparatos propios, pero necesitan que alguien les ayude».
Este impulso no siempre resulta fácil. «Influye mucho la persona con la que trabajes. Todo el mundo sabe algo sobre deporte, y te plantean exigencias que no siempre les conviene. En esos casos, el trabajo entre ambos puede llegar a resentirse», concluye Guréndez.