Nada extraordinario en el Jesús Gestoso que trabaja de conserje para el instituto Francisco de Vitoria. Como cualquier otro que desempeñe ese cargo saca fotocopias, contesta las llamadas telefónicas, atiende a la gente y facilita información. Su tarea profesional le lleva ocho horas diarias, como a tanta gente, con salida a las seis de la tarde o las diez de la noche. ¿Y entonces?
Entonces surge el soñador de ideas brillantes, un hombre apegado a esos sueños que le hacen sentirse libre. Su idea siempre ha sido, y es, vivir de la música. Jesús compone «música experimental» con ordenadores, un género apartado de las vías comerciales que no da para comer. De ahí que la conserjería, desde hace veinte años, sea el colchón económico que le permite labrar sus verdaderas aficiones.
«Compongo sonidos parecidos a los ruidos de la naturaleza que no entran en los cauces comerciales. Yo no creo música para el entretenimiento, sino por el sentido del arte y esto no quiere decir nada peyorativo para quienes hacen lo primero. Creo que el arte sirve para formarse como persona, para hacerse preguntas, y es una de las expresiones mayores de libertad». Ahí va su credo.
Gestoso no es un recién llegado, lleva más de una década tratando de 'colocar' sus creaciones, pero choca con la necesidad ineludible de vender que marca la industria discográfica. En 1995 fundó el grupo Klan Medium con su amiga Maitane Magadán. Ahora puede escucharse en Montehermoso su fondo sonoro para la exposición de Gerardo Armesto. «Dice que está muy contento del resultado y yo de que él lo esté». Y el año pasado participó en la fiesta final del 'Vitoria Territorio Visual'.
Jesús se niega a retocar sus obras para entrar en el cauce. «Durante un año, desde 1998, estuve con Maitane en casas de discos de Madrid y Barcelona para ver si nos editaban un trabajo de rock. Y nos lo querían tocar para hacer algo más bailable. Pero no quiero hacer cosas que no me gustan porque esa es mi libertad. Si me quito eso no me queda nada». Aunque en el caso de que fallara el empleo que le procura la tranquilidad «haría cualquier cosa por seguir vivo, música de baile si hace falta».
La NASA por medio
Hasta ahora se ha descubierto la faceta purista de este creador vitoriano. Pero faltan cuestiones alucinantes, propias de un inventor vanguardista. Hace doce años ofreció a la firma suiza Swatch un reloj «que se conectaba por radio a unos repetidores sincronizados a una estrella del cielo». Le dieron cita y acudió al país centroeuropeo para entrevistarse con Martin Bieri, jefe de los ingenieros. «El departamento técnico aprobó la idea, pero el creativo no porque yo no era un personaje conocido. Me desilusioné mucho».
Fue el segundo varapalo. Cuatro años antes, leyendo revistas de ciencia y documentándose en la Casa de Cultura, llegó a una conclusión revolucionaria: una estrella tocaría el piano. «Todo eso vino porque me enamoré muy fuerte. Quería hacer como un regalo y pensé en aprovechar la energía de una estrella pulsar a 6.000 años-luz a través de unos radiotelescopios enormes para pasarla a través del ordenador y que sonara el piano de acuerdo con la partitura». El proyecto no salió adelante y su moral quedó bastante mellada.
Incluida la aparición de la NASA. Sí, han leído bien, la Agencia Espacial Estadounidense. Sevilla'92, Expo, pabellón del Universo. Al fin Jesús iba a plasmar su idea estelar con un piano y la voz de Alfredo Krauss en el acto de clausura. Dos ingenieros de la NASA aprueban el proyecto y en la víspera del gran día se anula la actuación. «Los americanos ponían todo menos el dinero, que debía ser español, unos cinco millones de pesetas de entonces. Pero al final dijeron que era un espectáculo con demasiada presencia de la NASA y que debía ser algo más español». Otro chasco. Pero este hombre no tiene pinta de tirar la muleta mientras vea una estrella en el cielo.