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Domingo, 23 de abril de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
ÁLAVA
Sábado de letras
Vitoria celebra San Jorge con un día de adelanto y una modesta feria del libro en la plaza de España, sazonada con rosas rojas, música en vivo y un futuro incierto para el sector
Sábado de letras
Unos niños miran cuentos en uno de los nueve expositores que participaron en la feria. / IGOR AIZPURU
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Paul Auster, Amedo, Eduard Punset, Kepa Murua, Carmen Alcayde, Irène Némirovsky, Toti Martínez de Lezea, el cocinero José Andrés o Josefina Aldecoa. Todos se dieron cita ayer en pleno corazón de la ciudad. Algunos para dejarse manosear. Otros, incluso, para dejarse comprar.

Con un día de adelanto sobre la festividad de San Jorge, que se celebra hoy, Vitoria acogió ayer una nueva edición de la feria del libro. En realidad, miniferia. La cita, que se prolongó durante toda la jornada en horario ininterrumpido, resultó modesta en lo que se refiere a la representación con la que contó el sector y también a la afluencia de público.

Y, eso, pese al esfuerzo que hicieron los libreros participantes, un total de nueve, para 'vestir' la jornada y proporcionarle más empaque. Así, no sólo aplicaron el 10% de descuento a los ejemplares que pusieron a la vista sobre expositores, sino que obsequiaron a los clientes con rosas rojas e invitaron a un calígrafo para que el que quisiera se fuera a casa con su nombre escrito en letras góticas a cambio de un euro.

Tampoco descuidaron la am-bientación, y obsequiaron a la clientela con la música de un grupo de trikitrixa y un dúo formado por una flauta travesera y una guitarra. Como guinda, un sorteo de un lote de libros al término de un día que no resultó «más animado de lo que esperábamos», admitió Begoña, de Jakintza.

Poesía y autoayuda

La veterana librera, que acudió a la feria con «literatura buena», poesía, libros de autoayuda, de viajes y cuentos infantiles, recordaba cómo hace algo menos de veinte años «veníamos hasta de 18 tiendas». Hoy se han reducido a la mitad. ¿La razón? «La entrada de las grandes superficies, supongo. Yo no creo que cada vez se lea menos. El lector es empedernido. Por tanto, fiel a los libros», comentaba.

En el otro extremo, Txintxu, de Zuloa, se apuntaba a la reflexión. «Lo nuestro no es diferente. La única alternativa que nos queda a los libreros para subsistir es la especialización», zanjaba. Algo que tal vez no supieron, o no pudieron, las cuatro librerías que han cerrado en Vitoria en los últimos siete años.



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