El patio del instituto de Llodio acogerá el próximo 6 de mayo la primera concentración de encajeras que se realiza en la localidad, que se trasladarán hasta el recinto con sus equipos para enseñar a los visitantes el arte de los bolillos. «Se necesita, sobre todo, paciencia», adelanta Begoña Pérez, organizadora de la muestra. Se espera la participación de más de doscientas encajeras que llegarán desde Lasarte, Barcelona, Ávila, Zaragoza, Aguilar de Campoo, Orozko, Bilbao y Vitoria.
La concentración comenzará a las diez de la mañana con una bienvenida institucional en la que participarán representantes municipales. Después «nos pondremos a tejer durante toda la mañana», explicó Pérez. Para que la reunión sea más animada, se repartirán varios premios «a la mejor bolillera infantil, al grupo que haya venido desde el punto más lejano, al más grande y al más pequeño», avanzó la organización.
Los visitantes podrán adquirir boletos para una rifa que se celebrará por la tarde, cuando se sortearán varias piezas realizadas por las alumnas que aprenden este arte en las clases de la casa de cultura llodiana. «Se venderán por un euro, como una forma de recaudar fondos para pagar los gastos», explicaron las promotoras. La rifa incluirá una mantelería de bordado vasco «que tiene una línea central en rojo o en verde y que es muy complicada de hacer», según las encajeras llodianas. «Se trata de un tipo de bordado, parecido al de Lagartera, que ha tenido mucho éxito cuando lo hemos llevado a otras concentraciones y que queríamos enseñar en Llodio», ratificó Pérez.
Demanda de clases
En Llodio cuarenta y cinco personas acuden a las clases de encaje de bolillos. La mayoría, una treintena, lo hace en los dos grupos de la tercera edad. «Para ellas es estupendo porque es un ejercicio que les ayuda a reunirse y que además, es muy bueno para prevenir la artrosis de las manos», explicó Pérez, que se mostró muy satisfecha por poder disponer de una sala en la casa de cultura para impartir las clases.
Esta disciplina se oferta en Llodio desde hace ocho años y la gran acogida que ha tenido desde el inicio de su andadura ha hecho que las tres clases semanales se hayan quedado cortas para atender toda la demanda. «Esperamos poder contar con otro grupo de siete a nueve de la tarde, si podemos usar el local en ese horario», reclamó Pérez. «Hay muchas personas interesadas», confirmó.