SUFRIMIENTOS. Siempre me ha atacado el espíritu sufriente que reina en algunos colectivos del deporte español, que se originó hace ya mucho tiempo en el fútbol y que ha terminado por impregnar casi todo. Durante toda la temporada, de principio a final, escuchamos y leemos declaraciones que hacen hincapié en los aspectos más «mineros» de la actividad deportiva. Jugadores y aún más entrenadores, nos castigan con palabras como sufrimiento, dureza, sudor, apretar los dientes y cosas que parecen más de un curso de sadomasoquismo que de una actividad que por encima de todo es un juego y que debería resultar satisfactoria y motivadora para sus practicantes, sobre todo si las comparamos con otras actividades profesionales. Demasiados deportistas van por la vida como si llevasen una cruz a cuestas, agobiados, estancados en las facetas más comprometidas y olvidando las muchas cosas fantásticas que tiene y que deberían hacerles cambiar la cara. Son unos apenados, a los que suelen dirigir técnicos apenados y que terminan por conformar equipos apenados. Ejemplo práctico que puede confirma la teoría: Examine el lector las declaraciones de los próximos participantes en la Final a Cuatro de Praga. Contabilice las del tipo disfrute, las alegres, las optimistas, las de aquellos que quieren vivir a tope una experiencia sólo al alcance de privilegiados. Haga lo mismo con aquellas que inciden en lo contrario. El sufrimiento, el agobio, los nervios, la seria trascendencia y cosas por el estilo. Anoten las sonrisas francas y relajadas. Compárenlas con los rostros serios, como concentrados y que nos hacen pensar que están contrariados. ¿Acaso el sonreir es sinónimo, como piensan muchos, de falta de concentración o seriedad?