El publicitado plan para modernizar el Casco Medieval de Vitoria corre el serio peligro de entrar en vía muerta. A medida que el calendario corre en favor de la llegada de las próximas elecciones municipales, previstas para la primavera de 2007, las diferencias políticas entre los partidos se agudizan y, en consecuencia, la revitalización del barrio y la construcción de varias infraestructuras se aleja. ¿El escollo? El gaztetxe, el edificio de propiedad municipal usado por jóvenes okupas, y cuya continuidad defienden a ultranza el PNV, EB y EA, frente al propósito del PP de derribarlo, y al PSE, que en privado apuesta por lo mismo.
Según explicó ayer el presidente del grupo de trabajo para dar forma al plan, «problemas de confianza» con el equipo de gobierno impiden que se llegue a un acuerdo y se deje el proyecto visto para sentencia, en el pleno. El socialista Juan Carlos Alonso condensó de esta manera el devenir de la última reunión entre los grupos, mantenida ayer, y que se saldó con más desacuerdo.
Frente al plan de los populares para hacer un párking subterráneo de 440 plazas en El Campillo y demoler el gaztetxe, y al de la oposición, para reducir el aparcamiento, dejarlo en 300 huecos y así salvaguardar el polémico inmueble, en el encuentro de ayer se introdujo una tercera opción. En realidad, la nueva posibilidad es la apuesta atornillada de PNV, PSE, EB y EA.
Garantizar el gaztetxe
Consiste en que el Gabinete Alonso, que tiene potestad para derruir el edificio sin necesidad de ningún apoyo político, acceda a que el futuro del gaztetxe y de la parcela que ocupa se dejen en manos de la próxima Corporación. En concreto, hasta dentro de un año y medio o dos, tiempo en el que se acometería el derribo del inmueble que sirve de sede al centro municipal de acogida nocturna, Aterpe, y al Departamento municipal de Salud y Consumo, Demsac, para dar paso a un jardín arqueológico. También se construirían en ese tiempo el párking y el túnel de acceso, en la plaza Marqués de Estella.
En resumen, lo que se propone ahora es dividir en dos El Campillo y actuar sólo en la parte este. Esto es, en la que no se encuentra el gaztetxe. Una vez concluidas las primeras actuaciones, el equipo que gobierne entonces la ciudad deberá tomar una decisión sobre el solar donde se sitúan las antiguas cocheras del Obispado.
El enrocamiento de posturas y la apertura ahora de esta tercera alternativa amenazan con congelar las anunciadas reformas para el Casco Viejo. Juan Carlos Alonso admitió ayer que «las dificultades políticas pueden empezar a retrasar ya el trabajo técnico».