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Martes, 25 de abril de 2006
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OPINIÓN
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Pétain, espejo de una época
A los 150 años del nacimiento del mariscal Henri Philippe Pétain (24 de abril de 1856) nos encontramos en una época heredera de los tiempos y los acontecimientos que marcaron su trayectoria vital y la de otros muchos millones de personas. Tres hitos resumen la misma: la Primera Guerra Mundial (Verdún), Marruecos y la Guerra Civil española (Abd-el-Krim y Franco) y la Segunda Guerra Mundial (Vichy). Hombre de su tiempo, militar a la vieja usanza, católico defensor de los valores cristianos, quien primero fue considerado héroe y más tarde traidor, estará siempre unido a dos localidades francesas y al significado que en su momento adquirieron, Verdún y Vichy. Nacido en Cauchy-à-la-Tour, estudió en la academia militar de Saint-Cyr y en la Escuela Superior de Guerra de París. Su carrera militar aparece vinculada a las guarniciones metropolitanas de Villefranche-sur-Mer, Besançon, Marsella, Amiens, Châlons-sur-Marne, Quimper, Saumur, Arrás, Santo-Omer, París, entre otras, en las que de subteniente (1878) llegó a coronel (1910), pasando por los grados de teniente (1883), capitán (1890) y teniente coronel (1907). Metz, Rabat y Meknés en Marruecos, Nueva York, Belgrado, Varsovia, Burgos, San Sebastián, Madrid y Port-Joinville (Isla de Yeu) fueron también lugares en los que residió.

Al comenzar la Primera Guerra Mundial, Pétain estaba a punto de retirarse del ejército (realmente cesó el 14 de septiembre y fue reclamado el 25 de octubre de 1914), pero fue promovido a brigadier y tomó parte en la ofensiva de Artois. Cuando estalla el conflicto bélico (3 de agosto de 1914), Pétain está al mando de la cuarta brigada de infantería, cargo que asumió cuatro meses antes (20 de marzo de 1914). Un año más tarde, Joseph Joffre le encomendó mandar las fuerzas francesas en Verdún y después del desastre de la ofensiva francesa dirigida por éste en Champaña (otoño de 1915) y de posteriores amotinamientos en el frente occidental, se encargó de calmar a los soldados mejorando sus condiciones de vida, a la par que cambiaba la táctica militar del ejército francés, que se volvió netamente defensiva, utilizando masivamente la artillería y coordinándola con la infantería y la aviación. En reconocimiento a sus méritos fue promovido a mariscal de Francia dos semanas después del armisticio, el 8 de diciembre de 1918.

Después de la guerra, el mariscal se mantuvo activo en cuestiones militares y en 1925 el alzamiento en Marruecos, un año antes, de las tribus lideradas por Abd-el-Krim obligó al presidente del Consejo francés, Paul Painlevé, a encargar al héroe de Verdún la pacificación de la zona. Tras varias operaciones militares que acabarán en mayo de 1926, consigue su propósito y sofoca el levantamiento en el Rif. En 1934 fue nombrado ministro de la Guerra y con posterioridad tuvo el dudoso honor de ser el primer embajador francés en la España de Franco (1939-1940). Previamente, al estallar la Guerra Civil española, Pétain no se mantuvo al margen del levantamiento militar en el país vecino. Conocía personalmente a muchos de los militares sublevados, como los generales José Sanjurjo (para el que consiguió la Legión de Honor), Francisco Gómez-Jordana (Alto Comisario de España en Marruecos en 1928) y Francisco Franco. Denunciando la postura de las potencias occidentales (Francia y Gran Bretaña) al abandonar a la República española, es de justicia reconocer que cuando León Blum llegó por segunda vez al poder en marzo de 1938 abogó por una mayor firmeza frente al fascismo y al nacionalsocialismo. Cuando convocó el Consejo Permanente de la Defensa Nacional para tratar sobre la posibilidad de intervenir directamente con tropas en Cataluña, Pétain, a la sazón presidente del mismo, se opuso al envío de tres divisiones a España, a pesar de la opinión favorable del jefe de Estado Mayor de la Defensa Nacional, general Maurice-Gustave Gamelin. León Blum amenazó a Franco con «las medidas de intervención» que estimara oportunas pero, finalmente, optó por evitar un enfrentamiento con Hitler o Mussolini que más tarde fue inevitable. El 2 de marzo de 1939, Pétain fue nombrado embajador en España para «normalizar y mejorar las relaciones entre ambos países».

Y llega la Segunda Guerra Mundial. Después de que las tropas alemanas derrotaran a las franco-británicas en las batallas de los meses de mayo y junio de 1940, el primer ministro francés Paul Reynaud presentó su dimisión el 16 de junio y su sucesor, el mariscal Pétain, entabló inmediatamente negociaciones con Alemania encaminadas a firmar un armisticio, que fue suscrito el 22 de junio. En este documento, se decidió que los alemanes ocuparían los territorios situados al norte del río Loira y la costa atlántica hasta la frontera con España. Ello suponía que el 55% del territorio francés (incluido París) pasaría a ser zona ocupada, pero como contrapartida seguiría existiendo un Estado francés que mantendría la administración de las colonias, la protección de la flota y la defensa del imperio. El nuevo Gobierno estableció su sede en Vichy el 1 de julio. Nueve días más tarde, la Asamblea Nacional sometió a votación una ley que abolía la Constitución republicana y confería plenos poderes a un Pétain que asumió la jefatura del Estado.

El héroe francés, el ídolo de la población, la persona a la que se rendía culto popular, tenía unas ideas sobre las causas de la derrota y humillación francesa que fueron primordiales para realizar una «revolución nacional» asentada en valores tradicionales como la religión, el patriotismo, la familia y la aceptación del trabajo como una obligación. Esta 'revolución' implicaba necesariamente una política nacionalista y una legislación disponiendo que los judíos franceses no tuvieran acceso al cuerpo de funcionarios, la educación, la prensa y el cine, mientras que los de origen extranjero refugiados en Francia serían recluidos en campos de concentración. La colaboración con Alemania, que quedó consagrada con la reunión sostenida entre Adolf Hitler y Pétain en octubre de 1940, se intensificó especialmente en 1942, cuando la policía francesa ayudó a los alemanes a detener a los judíos y a enviarlos a campos de concentración como Auschwitz, donde fueron exterminados. De los 76.000 judíos deportados por Francia entre 1942 y 1944, únicamente sobrevivió un 3%.

En honor a la verdad, debemos recordar que en aquellos momentos Pétain carecía de poder real ya que desde abril de 1942 los alemanes le forzaron a dejar éste en manos del filonazi convencido Pierre Laval, y su título de jefe del Estado sirvió para esconder una figura meramente decorativa en el régimen. Sólo la caída de éste, iniciada cuando los estadounidenses invadieron el norte de África, en noviembre de 1942, y la escasa aunque importante colaboración de una resistencia dirigida por la organización 'Francia Libre' fundada en Londres (1940) por el general Charles de Gaulle, paró esta colaboración y defenestró un régimen que a lo largo de agosto de 1944 se trasladó sucesivamente a Belfort y a Sigmaringen (ya en Alemania), antes de desaparecer definitivamente poco después de la liberación de París. La derrota alemana en la guerra supuso para el mariscal ser considerado traidor al país, juzgado y condenado a muerte, aunque la intervención de De Gaulle transformó esta condena en otra a cadena perpetua, y pasar el resto de sus días, desde 1945 hasta 1951, cuando murió, en las prisiones del fuerte del Portalet en los Pirineos y en la ciudadela de la Isla de Yeu.

Héroe para unos y traidor para otros, víctima y verdugo, su figura levanta aún hoy una fuerte controversia y desacuerdo. En un año de recuerdo y conmemoración trágica de la Segunda Guerra Mundial (Hiroshima, Nüremberg) la figura de Pétain es un espejo en el que se refleja toda una época de horror y muerte y lo que de ella surgió. Pero también es un recordatorio de la miseria moral humana que en el caso francés, como ocurrió en otros países ocupados por Hitler, nos remite al colaboracionismo con los nazis y a la imposibilidad de que 45 millones de franceses fueran dominados durante tanto tiempo por tan sólo un ejército que llego a sumar 50.000 soldados. Francia ya 'redimió', si ello es posible, su culpa cuando Jacques Chirac admitió la responsabilidad francesa en muchos de los crímenes del régimen nazi. Pétain encarna una época que terminó con la Primera Guerra Mundial y que ya en la Segunda había desaparecido, y de ahí que él no encontrara ya su lugar en el nuevo mundo.



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